Cabecillas de Podemos en la futura picota carcelaria



Juan Carlos Monedero, en el Senado. /Foto: vozpopuli.com.

Ignacio Fernández Candela.

A la vista de todos y exhibidas las vergüenzas, Pablo Iglesias y la pandilla itinerante del bolivarismo español están contra las cuerdas. La Comisión del Senado que investiga los orígenes pecuniarios de lo podemita, debería constituir el principio de un cometido necesario que acabará obligadamente en los tribunales.
 
El soberbio y autosuficiente Juan Carlos Monedero protagonizó ayer una patética intervención, suficientemente demostrativa de que en Podemos nada está limpio; sus líderes impulsaron una alternativa política transgresora que estaba pactada monetariamente por el chavismo. ¿Ideológica y mercenariamente la CEPS aglutinaba un equipo de demolición que pretendió dinamitar institucionalmente una nación occidental en su apogeo, obstaculizando el paso firme de la democracia y revirtiendo los valores para denostar la tradición y la identidad arraigadas? Un acto de violencia social camuflado de libertad que intentó destruir lo conseguido durante cuarenta años. Delincuentes de la política cuyo éxito populista está basado en lo percibido en las cuentas personales de cuantos ejercieron violencia dialéctica, con el fin de provocar una rebelión social. Ingeniería política que estaba prostituida y se alentaba desde círculos de poder radical y antagónico contra los intereses del pueblo español. Alta traición pagada  y  sostenida  que provocó  una conflictividad delineada en origen desde los despachos de la presidencia socialista de Venezuela.  ¿Es así?
Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. /Foto: elmundo.es.
 
Si el dinero percibido conduce a esa producción infame de política basurera, el destino carcelario de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y alguno más, es cuestión de tiempo con la deducción de pruebas que puedan aportarse para que el Tribunal Supremo se tome en serio de una vez la amenaza exterior contra España.           
 
Delitos hay muchos en el horizonte  y enormes cantidades de dinero que han lucrado a los instigadores de las beligerancias que se han soportado estos años en nuestras instituciones, tras la excusa que nunca fue democrática. Las vergüenzas ajenas se quedan pequeñas tras la retorcida intención que entraña la financiación irregular de un partido, cuyo objetivo principal y oculto consistía en desestabilizar España. Pagados por los enemigos y contratados como mercenarios para convulsionar política y socialmente nuestras convivencias con base en la Constitución de 1978. Hay que ser malhechores para vivir ostentosamente a sueldo de dictadores y con ventajistas recursos de engaño y malversación.
 
No sería de extrañar que este experimento de mediocres profesores universitarios que internacionalizaron sus quimeras socio políticas, exportando la inutilidad de sus conocimientos que juegan con la seguridad de los países, desembocara  en un destino penal. En la citada comisión, Eduardo Inda dejó claro que existe esa responsabilidad penal inexcusable según las pruebas aportadas por su periódico. Lo oficioso en apariencia toma visos de consistencia oficial y la sospecha de la actividad delictiva se transforma en evidencia que se irá ampliando a medida de que declaren principales testigos.
 
 ¿Política mercenaria? Se comprendería la insana perseverancia de estos cantamañanas bien pagados por la corrupción internacional, para derruir la armonía institucional que da identidad propia a nuestro país. Se entendería la afrenta del multiculturalismo y el separatismo como arietes para romper la unicidad de criterio territorial. Se advertiría que no habrían gozado de esa influencia populista, de no haberse derramado los dones endiablados de dictaduras iraníes y venezolanas que han sido clientes de una organización venal al servicio de  la peor hegemonía de traición.  
 
El horizonte penal se vislumbrará en proporción a la pérdida de credibilidad que se acrecienta para próximas citas electorales. Las irregularidades las ocultaban tras la complacencia y el entusiasmo de los votantes. Probablemente, si llegara el caso de que las imputaciones, pocos serán los que defiendan a los precursores de este engaño podemita cuyas bases políticas están asentadas en el lucro personal y el crédito populista del engaño. Que investiguen y si son culpables, a penarlo donde deben estar.

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