Ciudadano Emilio Botín: Murió solo y fue enterrado sin lágrimas



Ana Patricia Botín y su esposo, en el funeral de Ciudadano Botìn.

Enrique de Diego.

Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos”, la frase de Orson Welles puede aplicarse a Emilio Botín, que murió solo, no se sabe dónde ni a qué hora, y fue enterrado sin lágrimas. Emilio Botín tiene paralelismos con el Ciudadano Kane de Welles, con esa soledad del poder e incluso con el retorno a la infancia, pues lo único claro de una muerte demasiado oscura es que quería ser enterrado junto a su padre; no obviamente con Paloma O’Shea, a la que nada le ligaba desde hacía años y que en el funeral aparece relajada y sonriente, como el último acto social de apariencia por el que era preciso pasar. Porque el de Emilio Botín no fue un entierro, sino un acto social, en el que nadie derramó una lágrima, en el que todos mantuvieron una entereza como si no fuera con ellos, como si a los Botín se les hubiera quitado un peso de encima, el de esa inquietante e irrefrenable manía de última hora de divorciarse y casarse con María Sánchez Corral.

La nada desconsolada viuda, Paloma O’Shea.

En el diario El País, su hermano, Jaime Botín, publicó un obituario con un final enigmático: “Los hados, por su parte, le han concedido otro (don) inestimable: morir a tiempo, para dolor de los suyos, pero con ventaja para él y, tal vez, de las devociones y obligaciones aludidas”. ¿Morir a tiempo? ¿Dónde y cuándo? Veamos informaciones de aquellos días. Según Economía Digital,el infarto sobrevino en medio de la noche, en la profundidad de su sueño“. Según Voz Pópuli, “lo encontraron muerto en la bañera de su casa”, información que se ponía en boca de familiares del finado, destacando que la familia era “parca en detalles” y resaltando el “oscurantismo” impropio de una entidad como el Banco de Santander. ¿En la bañera de qué casa? Ciudadano Botín vivía en un lujoso apartamento en la Ciudad Financiera del Banco de Santander, en Boadilla del Monte. Oscurantismo que ya estaba dando lugar a todo de interpretaciones, como destacaba Voz Pópuli, y sigue dando, porque ya es hora de que los poderosos de este mundo no nos administren la mentira.

Una sonriente Ana Patricia Botín en el funeral de su padre.

Todo lo que rodeaba a Ciudadano Botín, como a Ciudadano Kane atrapado en su personaje, era mentira. Su matrimonio, su familia. No murió a tiempo, como enigmáticamente escribió su hermano; no a tiempo para él, que tenía ese temor pavoroso a la muerte de los que deben abandonar mucho. Pocas personas cuidaban más de su salud. Cada mañana, su médico personal le tomaba la tensión y cada semana le hacía un análisis de sangre. Así, hasta el día anterior y estaba sano. Uno de los escoltas llevaba el equipo de emergencia, con el desfribilador, en los coches blindados marca Mercedes. Cuando subía a su avión privado, su primera pregunta era: ‘¿Si me da un infarto en medio del Atlántico, ¿cuál es el hospital más cercano?’ Y se le explicaba el plan médico de contingencia, de modo que el piloto sabía en todo momento a que aeropuerto dirigirse para llegar cuanto antes al mejor hospital.

Nadie lloró.

Aquel 10 de septiembre de 2014 no hubo plan de contingencia. Nada sabemos de si alguien intentó reanimarle, de si se le aplicó el desfribilador, de si se llamó al SAMUR… Dicen que a las seis en punto, cuando metódicamente se levantaba, entró personal de servicio al ver que no se encendía la luz. Pero, ¿no fue en la bañera? “La familia es muy parca en detalles“, reseñan las crónicas del funeral, ¿por qué?

Paloma O’Shea saluda efusiva juntando las manos. Ana Patricia Botín, investida de inmediato, a Botín muerto, Botín puesto, se muestra hierática, sin expresar sentimiento alguno. Nadie llora. Por el funeral, se dejan ver los amos de este mundo, banqueros y empresarios, como un acto social más, porque hay que estar y dejarse ver. En los tiempos clásicos, en los de los hados de Jaime Botín, se contrataban plañideras, así el dolor se expresaba a través de la farsa. Nadie lloró en el funeral de Ciudadano Botín. Ni una sola lágrima se escapó de los lacrimales de su extensa parentela. No lloró Paloma. No lloró Ana Patricia. No lloró nadie.

Así pasa la gloria del mundo. Féretro de Emilio Botín.

Y como el Ciudadano Kane de Orson Welles recuerda el trineo de su infancia y musita Rosbard, Emilio Botín quiso descansar junto a su padre, como si hubiera sido el único que le hubiera querido.

Quizás lejos de allí, del funeral de circunstancias, María Sánchez Corral sí derramó lágrimas sentidas por Ciudadano Botín, que había muerto solo.

¿Por qué murió a tiempo? Enigma.

Apuntan a Ana Patricia Botín y su “amante” como presuntos asesinos del magnate Emilio Botín

Todo es misterio en la oportuna muerte del magnate Emilio Botín

 


OPINA EN RAMBLA LIBRE