Anson, juguete roto



Luis María Anson. /Foto: ecoteuve.eleconomista.es

Ignacio Fernández Candela. Escritor. Crítico literario.

Los juguetes rotos del niño mimado de la excelencia-en un país con poco de excelente y mucho de sinvergüenza-se llaman honestidad, honradez, decencia y pulcritud moral. El niño los ha destrozado todos. Están arrinconados en el cuarto de juegos de esta desastrosa democracia donde Anson obtuvo tanto recreo jugando a ser personaje influyente, aunque olvidando las reglas y ejerciendo alguna que otra trampa como son la explotación y el abuso  con absoluta pérdida de valor ético; este último, otro juguete roto que  caprichosamente ha desmontado con compañeros tan poco fiables como Joaquín Vila.

Si es verdad que Luis María Anson ha destrozado al antojo sus juguetes de personaje honorable, después de décadas de caprichos y atesorar los premios por una labor humanista de la que parecen desentenderse la insensibilidad y su codicia personal, no menos verdad es que se parece  a uno de ellos. Él mismo se ha convertido en un juguete roto, abandonado en el sótano del desvarío de la conciencia que parece haberle extraviado el norte  de sus filantrópicas intenciones… las que dejaba ver en público para gloriarse olvidando la premisa de la honestidad por la que se supone fue tan premiado. Un juguete roto no es aprovechable, sobre todo si aparecen fallos de garantía y puede resultar peligroso.

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2015/12/preocupado-por-la-salud-moral-de-anson.html

Otras intenciones más ocultas y menos plausibles las sabrá bien el muy fiel Joaquín Vila junto a otros compañeros de juegos que se esconden en ese otro sótano de  la sublime hipocresía que representa, con vergonzosas actitudes, la Fundación Ortega-Marañón.

http://guarradaelimparcial.blogspot.com.es/2016/04/los-puercos-comportamientos-de-la.html

  Qué mal sienta la vejez a la avaricia; ésa que antes disimulaban y ahora los deja en evidencia. Descompuestos y desalmados, ridículos cuando se les escucha y esconden sus egoístas simplezas, son juguetes rotos de sí mismos, olvidados de la conciencia, del valor de la humanidad, de la palabra y del compromiso.
 Si no dieran asco por sus falsedades, darían pena por sus ignorancias. Al día de hoy solo les resta, inservibles, acabar en un contenedor. Para lo que de verdad sirven, estos ya ni se reciclan…

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