Una mamarrachada de desfile



Los Tercios de Flandes han vuelto.

Enrique de Diego.

El Ejército de España ha sido desamortizado, desarbolado y ninguneado. El dinero ha sido destinado a los políticos corruptos, a los concejales de Urbanismo venales y a los mercachifles de las comisiones de tráfico de armas, que es a lo que se dedican en el Ministerio de Defensa, antes con Pedro Morenés y ahora con la esposa de Ignacio López del Hierro, conocida comisionista que acumula consejos de administración de los que cobra pero a los que no asiste.

Han convertido al Ejército de España en una ONG vergonzante.

Con todo el cariño que siento por quienes han hecho de la defensa de la Patria su vocación y su oficio, el desfile me ha parecido una mamarachada. Siento pasión por la historia de España, tan llena de glorias y hazañas, y me encanta la recreación histórica, pero un desfile es para enseñar el potencial de Defensa de la nación, de forma que los ciudadanos se sientan seguros y los posibles enemigos se muestren respetuosos.

El desfile de la guardia real, con sus cañoncitos del XIX, tirados por caballos hispanobretones, es más propio de una recreación histórica. Siempre me ha parecido patético, pero ya cuando he visto desfilar a los Tercios de Flandes con picas, se me ha caído el alma a los pies. El comentarista ha dicho que se trataba de trajes de la película del capitán Alatriste. Un homenaje, a lo que se ve, a Arturo Pérez Reverte, pero una auténtica horterada. También se podría sacar a Hernán Cortés con Moctezuma y a El Cid Campeador con su mesnada y a Viriato. Un desfile militar no es un remedo de la fiesta de los Moros y Cristianos, que, por cierto, lo hacen mucho mejor como recreación histórica. A este paso sacarán a los honderos baleares de Aníbal.

No digo que haya que sacar las bombas atómicas como Kim Jong-un, pero tampoco caer en el histrionismo y la mamarrachada.

Aquí no parece haber nadie al mando que mantenga la cabeza sobre los hombros y el sentido común.


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