Marxismo racista (y 2)



Miguel Sempere.

Viktor Orban, presidente de Hungría, con el acuerdo mayoritario del Parlamento nacional, ha decidido cerrar la Universidad del Centro de Europa (CEU), que está financiada por el magnate globalista George Soros. Es la línea correcta para la salvación de su sociedad y de su nación. Sería urgente y preciso cerrar todas las facultades de las mal llamadas ciencias sociales. Ya profetizó el gran economista y pensador Josef Schumpeter que la Universidad acabaría con la civilización al egresar a gran número de licenciados sin ninguna utilidad.

Cuatro países en el centro de Europa -Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia- rechazan la estrategia destructiva de Bruselas, empezando por la islamización forzada con dinero del contribuyente. Sus dirigentes tienen muy claro que están defendiendo la identidad de sus naciones y que están evitando un conflicto, ofreciendo seguridad a sus habitantes, del que ya son claros sus terribles prolegómenos en forma de terrorismo indiscriminado y de violencia sexual (las plazas y avenidas de Europa se han llenado de bolardos y por las calles patrulla el Ejército, seis mil soldados franceses en la operación Centinela).

En estos países, como efecto no menor, está subiendo la natalidad de los autóctonos. También se está recuperando en Rusia, donde por ley ha sido prohibida la propaganda de la homosexualidad. En todos estos casos, la resistencia a la llamada ideología de género es total.

Una de las claves para entender esta elogiable actitud de autodefensa es que todas esas naciones vienen de padecer los males del marxismo y detectan con mayor facilidad el trasfondo ideológico de marxismo de detritus que se esconde tras el racismo antiblanco y el odio al heterosexual (obviamente, a la familia y a la natalidad). Y saben que no se trata de ninguna broma, sino de algo de extrema gravedad.

Es hora de que en España, la mayoría tome ejemplo y combata al marxismo racista.


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