Hay que juzgar a George Soros por crímenes contra la Humanidad



George Soros. /Foto: doralnews.online.com.

Enrique de Diego.

La larga entrevista entre Donald Trump y Vladimir Putin ha sido una bendición del cielo. Previamente, aún resuena el discurso de Donald Trump en Polonia: “la civilización occidental triunfará“. Rusia pertenece a la civilización occidental. Ha sido quien ha salvado a los cristianos en Siria y quien ha evitado el derrumbe de Al Assad a manos de Daesh, el Frente Al Nusra y todos esos “rebeldes” integristas financiados por la Administración Obama, por Arabia Saudí, Qatar y todas las petromonarquías del Consejo del Golfo.

Putin y Trump están llamados a entenderse porque tienen objetivos comunes identitarios y de patriotismo. En un mundo desbocado hacia la catástrofe apocalíptica esta nueva química entre las dos potencias abre un jirón de esperanza en el horizonte oscuro. No ha jugado mal sus cartas Trump sosegando la presión histérica del establishment.

Al lado de Trump y de Putin el resto de dirigentes parecen pigmeos del espíritu, petimetres y mequetrefes, especialmente los europeos, como ese eje patético de Merkel y Macron, que presiden Alemania y Francia en su momento de mayor decadencia, abismando a su naciones en los males insondables del multiculturalismo.

Se ha sembrado tanto mal en el mundo, se ha financiado tanta destrucción que personajes siniestros como George Soros o los miembros del Club de Bilderberg deberán ser juzgados por crímenes contra la Humanidad. Acierta plenamente el presidente húngaro, Viktor Orban cuando considera cuestión de seguridad nacional controlar a las ONG del canalla de Soros y cerrar la Universidad del Centro de Europa, con sede en Budapest. La Fiscalía italiana -Italia está a punto de estallar ante tanto buenismo suicida- ha abierto investigación sobre la Open Society por su labor en fomentar la inmigración invasiva, colaborando con las mafias.

Una buena parte de esos globalistas que juegan a la hora del aperitivo con el mundo son judíos, de etnia judía. Soros lo es. Es tildado de judío renegado, pues financia también a ONG contrarias al Estado de Israel y durante la ocupación nazi de Hungría se dedicó a colaborar entregando a judíos adinerados. Pero esos judíos laicistas están practicando un mesianismo invertido y satánico, con el que se invisten como élite, para dominar el mundo y generar problemas planetarios a fin de imponer un gobierno, su gobierno mundial de las tinieblas.

Sarah Halimi.

¿Qué está consiguiendo Soros? Los judíos son hoy asesinados en Francia en el ambiente asfixiante del multiculturalismo, caballo de Troya del islamismo integrista. El 4 de abril fue asesinada en París, Sarah Halimi, torturada con sadismo por el musulmán oriundo de Mali, Kobili Traoré, quien entró a las 4 de la mañana en su casa y la emprendió a puñetazos mientras la calificaba de “sheitán” (diablo en árabe). Sarah gemía cada vez que la pegaba. Fue una larga tortura. “Cierra el pico, gran puta“, le gritaba a la jubilada profesora de guardería. “Ya está, ¿ya no te mueves?”. La policía tardó treinta minutos en llegar y no hizo nada pues temió un atentado terrorista pues el sádico musulmán recitaba en árabe versículos de El Corán y gritaba el consabido “Allahu Akbar“. Cuando el canalla se apercibió de la presencia de la policía, les gritó: “aquí hay una mujer que se quiere suicidar“. Y cogiéndola por los brazos la tiró por la ventana. Siguiendo las consignas, el asesino fue ingresado en un psiquiátrico. El fiscal de París, François Molin tardó diez días en abrir un procedimiento por “homicidio voluntario” y sin el agravante de antisemitismo. Marine Le Pen fue la única política en condenar el asesinato. La prensa lo silenció. Solo una tribuna colectiva de ocho intelectuales ha denunciado el crimen y la omertá.

Este es el ambiente propiciado por George Soros y su nefasta Open Society. Ese asesino nunca debió entrar en Francia. Quienes propugnan la eliminación de las fronteras no hacen otra cosa que poner en peligro la seguridad de las personas. Son traidores y como tal deberían ser perseguidos y enjuiciados.


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