Mil quinientos segovianos marchan hacia el Nuevo Mundo



Enrique de Diego.

He de reconocer que viendo a mis compatriotas actuales a veces me asombro, e incluso me resulta increíble, que nuestros antepasados descubrieran y conquistaran un continente, desde Alaska a la Patagonia.

La página que ahora voy a rememorar es de las que más me emociona e impresiona de nuestra historia. Mil quinientos segovianos marcharon con Pedro Arias Dávila (Pedrarias) cuanto éste fue nombrado gobernador de Castilla del Oro, territorio que comprendía Nicaragua, Costa Rica, Panamá y buena parte de Colombia. En la conquista de América, el mayor protagonismo fue de los segovianos, de aquella Segovia que era ciudad industrial y cuya comunidad y tierra incluía casi toda la provincia de Madrid, la transierra, como el Sexmo de Casarrubios (Chinchón), que había repoblado Navalcarnero, saliendo los colonos de la Plaza Mayor, o cuyos hombre de frontera de la parroquia de San Martín se habían afincado en San Martín de la Vega. La Segovia cuyas milicias habían formado en la costanera derecha de la batalla de Las Navas bajo el mando de Sancho VII el Fuerte de Navarra, que había sido la corte de Enrique IV -con esa maravilla desconocida de San Antonio el Real- y había coronado a Isabel la Católica saliendo de su alcázar. La Segovia, en fin, emporio textil que exportaba sombreros y cuero por toda Europa, y que luchó en las Comunidades con Juan Bravo.

Torre de los Arias Dávila, en Segovia.

Conviene detenerse si quiera con brevedad en el flamante gobernador de un vasto territorio a conquistar. Pedro Arias Dávila, nacido en Segovia en 1440, pertenece a la familia más adinerada de Segovia. No va en busca de oro. No es un aventurero sino un hombre de guerra, un soldado egregio que desde joven es apodado “el justador” por su pericia con la lanza en las justas; que ha brillado en la guerra de Granada, siendo uno de los coroneles; y luego en la guerra de África (1508-1511) destacándose tanto en la toma de Orán como en la Bugía, siendo el primero en poner el pie en el adarve de la fortaleza dando muerte al alferez musulmán al mando.

Es de una familia judeoconversa ilustrada. Juan Arias Dávila será el gran obispo renacentista de Segovia, que introducirá en Castilla y en España la imprenta con el maestro Juan Parix y el “Sinodal de Aguilafuente” y quien pondrá en marcha el Hospital de La Misericordia, que aún funciona.

La conquista de América es la proyección de la Reconquista, la explosión de la energía vital de una sociedad tras ocho siglos de batallar y el ansia evangelizadora. Todo eso es lo que representa Pedro Arias Dávila. No una serie de aventureros en busca de fortuna, que también, como también sucedía en la Reconquista en la que se ascendía en la escala social por méritos de guerra y botín, sino un noble de gran riqueza -ahí sigue en Segovia la torre de los Arias Dávila- que busca dar rienda a su experiencia en nuevos horizontes con nuevas responsabilidades, pero, insisto, que podría estar disfrutando de su riqueza, ya en su madurez en su asombrosa longevidad para la época: morirá en León Viejo, el 6 de marzo de 1531.

Alcázar de Segovia. /Foto: alcazardesegovia.com.

A su concurso, en su leva acuden mil quinientos segovianos de tierras de trigo de pan llevar, pinares y de la sierra. ¡Van desde la estepa castellana a una tierra lejana e ignota! Y esos hombres que pueden haberse criado a orillas de los humildes ríos Eresma, Pirón y Cega, que nunca han visto el mar, van a cruzar el Océano Atlántico en aquellas cáscaras de nuez que eran las carabelas. ¡Permitidme que muestre mi arrobada admiración por la épica de esta marcha hasta Sevilla y los puertos andaluces para embarcarse!

No los voy a acompañar por las sendas impenetrables de Nicaragua, donde aquellos segovianos bautizarán, nostálgicos, como Nueva Segovia a la zona hoy fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica. No voy a seguirlos en sus luchas, en sus días de hambre, de enfermedades extrañas. Ni voy a estar con ellos el día en que fundan la ciudad de Panamá. Pero si quiero verlos, imaginarlos, despidiéndose de sus familias, con su coraje, sus temores y su humana codicia. Dejando atrás los atardeceres rojos de Castilla, cruzando el puerto de Somosierra o Malangosto. Viriles y decididos por los caminos polvorientos, bendecidos por sus padres y partiendo el corazón a sus madres.

He de reconocer que se me encoge el corazón ante tanta gallardía serena yendo hacia un Nuevo Mundo, sin mapas ni GPS, a jugarse la hacienda, poca o mucha (Pedrarias mucha) y la vida. Gentes de secano en un mar bravío hacia tierras lejanas.

Sí, no barro para casa sin justicia. La conquista de América fue cosa de segovianos que culminaron algunos extremeños egregios. Segovianos fueron los conquistadores de Venezuela, que nombraron Segovia a la que hoy se llama Barquisimeto. De Cuéllar eran los conquistadores de Cuba con Diego de Velázquez. Y en la expedición de Pedrarias (de armas tomar, la “ira de Dios”, le llamaron) iba Francisco Pizarro que tomaría el imperio inca del Perú. Y, al fin y al cabo, Hernán Cortés era un deudo del cuellarano Diego de Velázquez al que ninguneó, y muchos de Cuéllar -los que marcharon a prenderle- terminaron a sus órdenes en esa asombrosa y épica gesta de la toma del imperio azteca.

Pero es que antes de todo había que embarcarse en las carabelas…

 


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