Sánchez, incapacitado por la estupidez de la plurinacionalidad



Pedro Sánchez. /Foto: ideal.es.

Editorial.

Tras haber sido descabalgado por un pustch de partido, Pedro Sánchez es hoy el líder indiscutible del principal partido de la oposición, se autoproclama el líder de toda la izquierda -amenazando electoralmente a Podemos- y se dispone a perpetrar su venganza desmantelando al mayor número de barones posible, para hacerles pagar caro su traición y para evitar que queden focos de resistencia que puedan poner en peligro su hegemonía. La vieja guardia y el felipismo han sido barridos y, por tanto, este es el nuevo PSOE de Pedro Sánchez, un PSOE personalizado y caudillista, en el que solo la Federación Andaluza puede, por ahora, quedar exenta del vendaval interno.

Pedro Sánchez, el nuevo caudillo socialista, resucitado políticamente a través de las primarias, se sitúa como alternativa, y en términos de urgencia. En calidad de tal está incapacitado por esa infame estupidez de la plurinacionalidad. Según el texto aprobado en el 39 Congreso, el PSOE propugna “una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución”. Hay elementos ambiguos y contradictorios en este galimatías, pues si se mantiene que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español es que solo hay una nación, que es España.

Es cierto que esa gloriosa chapuza que es la Constitución de 1978 se hundió en la confusión en el artículo 2 al introducir el término “nacionalidades“, que no es sinónimo de naciones sino más bien de autonomías. Se hizo para contentar a los separatistas, no embarrancar los trabajos constituyentes -de un Congreso que no tenía ese carácter- y satisfacer el frívolo dinamismo borbónico. Pero ni la Constitución de 1978, ni ninguna otra de España ni de ninguna otra nación del orbe pueden establecer o generar la plurinacionalidad o la existencia de una nación de naciones porque tal cosa es un imposible metafísico de mayor calibre aún que la cuadratura del círculo.

España no es una nación de naciones. España es una nación, con un territorio definido. Ninguna nación es plurinacional. Lo más parecido a una nación de naciones sería un imperio, el napoleónico, por ejemplo. La repetición de una estupidez tan grosera no tiene la más mínima eficacia para cambiar la realidad. Lo que tienen que hacer Pedro Sánchez y el PSOE, a lo que están obligados, es a defender la unidad de España y su integridad territorial.

No se nos escapa que la insistencia en esta impostura pretende ser una artimaña para abrir vías de pacto parlamentario con los separatistas de cara a un posible asalto a La Moncloa. Vano y estéril esfuerzo. Los separatistas no consideran a España una nación de naciones; son separatistas -y traidores- pero no tan estultos como Pedro Sánchez (y Pablo Iglesias). Lo que consideran los separatistas es que Cataluña es una nación y que la soberanía reside en el pueblo catalán. Supeditarán cualquier pacto a la ruptura de España y ese es un terreno en el que cualquier complicidad estará incursa en el delito de alta traición.

Estos no son tiempos para juegos chabacanos de palabras, sino para la claridad en los términos y la fortaleza en las convicciones. Viene a cuento recordar que la última sigla del PSOE corresponde a Español. Animamos a Pedro Sánchez y a los socialistas ha sumarse al Manifiesto de Rambla Libre: “Cataluña ha sido, es y será siempre España“.

España es una nación.

Manifiesto: Cataluña ha sido, es y será siempre España

 

 


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