El futuro es identitario



Marine Le Pen y Geert Wilders. /Foto: worldtribune.com.

Editorial 

En cada una de las elecciones, los partidos identitarios han avanzado posiciones. Lo han hecho en condiciones sumamente adversas, lo que da mayor mérito a su instalación en la sociedad con hondas raíces. Entre estas condiciones adversas están la tiranía mediática -cada vez más desacreditados los medios-, la inquina de la catedocracia, la censura de las instituciones comunitarias y la falta absoluta de crédito por las instituciones bancarias. Todos estos condicionantes hubieran hecho naufragar a cualquier movimiento oportunista y sin fundamento.

No es el caso. El movimiento identitario -con sus diferentes matices nacionales- acierta en el diagnóstico y en las soluciones. Los populismos, coartada de extremaizquierda, lanzada y financiada por las élites corruptas, como engaño, copian en parte el diagnóstico pero yerran por completo en las soluciones.

En Austria, el FPÖ no alcanzó la presidencia por una serie de trampas clamorosas del sistema que tuvo que concentrar su voto en una patente nulidad. En Francia, el Frente Nacional rompió todos los límites en las presidenciales y el sistema ha tenido que inventarse un centro líquido. En Holanda, Geert Wilders no solo subió con fuerza sino que ha centrado el debate y condicionado la agenda política. Polonia y Hungría están gobernados por partidos identitarios, al igual que Chekia, Eslovenia y Bulgaria. Alternativa por Alemania ha entrado en los parlamentos regionales y las encuestas lo sitúan dentro del Bundestag.

Ciertamente, mediante una estrategia al tiempo de miedo y criminalización, el sistema opresor generó unas expectativas imposibles a fin de movilizar su anquilosada maquinaria. Se ha pretendido dar de esa forma una imagen de frenazo. Es posible que los partidos identitarios hayan culminado una etapa y tengan que repensar sus estrategias. En buena medida, parte de sus ideas y propuestas han ido siendo asumidas por partidos del sistema. Es el caso de la UKIP cuyo programa máximo era el Brexit y que en su consecución se ha quedado sin espacio político y sin liderazgo, tras la dimisión de Nigel Farage, quien ha prometido volver al primer plano si el Brexit peligrara.

Los movimientos identitarios han de dotarse de medios de comunicación propios. Han de intensificar su trabajo en la juventud y en las clases medias, liberando zonas, regiones, provincias, barrios, calles.

Los graves problemas diagnosticados por el movimiento identitario existen; es una realidad la pinza contra las patrias y los europeos autóctonos, de las depredadoras instituciones supranacionales de Bruselas y la islamización subvencionada y financiada por poderes oscuros. Esos problemas solo son diagnosticados y afrontados por los partidos identitarios. Esos dos problemas no hacen otra cosa que agravarse en un fracaso sistémico. Los partidos identitarios irán cosechando un apoyo electoral creciente por la simple razón de que son la solución. El futuro es identitario.


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