La izquierda, contra los trabajadores



Editorial

La izquierda ha traicionado a los trabajadores. Va contra ellos. Se ha entregado y vendido al mundialismo, al globalismo y la jerigonza degradante de la corrección política.

Dominada por una subclase de la intelectualidad burguesa, de activistas de sí mismos, de coartadas de la casta, la izquierda destruye los empleos favoreciendo la deslocalización, prima a los extranjeros frente a los nacionales, a los que se obliga a subvencionar su propia sustitución, e incluso conspira contra su identidad imponiéndoles un multiculturalismo que genera inseguridad y conflicto.

Nos referimos a esa izquierda oficial de PSOE y Podemos, que mantiene consensos profundos con la derecha conservadora del PP y con el centro líquido de Ciudadanos, todos ellos vieja política, que coinciden en la marcha hacia el trabajo esclavo de los trabajadores autóctonos, en su discriminación frente a los inmigrantes y en la sumisión a los poderes globalistas, a la gran banca y a las multinacionales con sus utopías del nuevo orden mundial. La izquierda no se diferencia de la derecha más que en la retórica, pero coinciden en las cuestiones de fondo y en los intereses.

Todas aquellas familias y personas que con esfuerzo, sacrificio y laboriosidad se situaron en las clases medias (el 56% de la población en el año 1975) han visto como su situación se ha degradado, como su futuro se ha teñido de inseguridad, como las expectativas de sus hijos son cada vez peores, como son acosados por todas partes desde los poderes públicos. Esas gentes precisan que se recupere el orden y la ley, con protección de su propiedad, que se erradique la corrupción y que se establezca con nitidez la preferencia nacional en las ayudas sociales y en las relaciones internacionales.

El movimiento identitario no ha de buscar su base en los barrios acomodados y en las urbanizaciones de lujo, donde puede haber algún patriota de pulsera, pero que no padecen los efectos perversos del multiculturalismo impuesto y subvencionado, ni los dramas de la globalización con dejación continua de los intereses nacionales.

El movimiento identitario ha de buscar su base en los trabajadores, en los barrios periféricos, en las ciudades industriales, donde la convivencia se ha degradado por el paro, el trabajo precario y la inmigración invasiva.

 


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