Antonio Jiménez o el exabrupto del tarugo



13 TV, con Antonio Jiménez, un agujero negro. /Foto: vanitatis.elconfidencial.com.

Enrique de Diego

Antonio Jiménez es profundamente inculto y con escasa motivación profesional. Nunca prepara los programas: comidas largas, con conversaciones banales, demasiado vino y digestiones pesadas. Puede decirse que es un vago de siete suelas, que abronca al equipo para evacuar sus frustraciones. Si alguna vez, la conversación o el debate se eleva –en 13 TV nunca ocurre- Antonio Jiménez es incapaz de seguirlo, desconecta y da paso a publicidad.

Es, en muchos sentidos, un hombre de este tiempo, romo y mediocre como conviene. Jiménez, que tiende a ponerse dicharachero y torpemente ocurrente, como si acabara de llegar del restaurante, fascinado por su locuaz estupidez, sabe cuál es su función: defender al PP –se ofreció al PSOE pero Pepiño Blanco lo rechazó- a machamartillo, hilvanar cuatro consignas sin cuidar demasiado el idioma y falsear la encuesta telefónica del día. Y, por supuesto, no dar una noticia, ni buscarla.

El día de la masacre del Manchester Arena le pasaron la primera información que hablaba de dos explosiones, y en la que aún no se hablaba de muertos y heridos, pero ya era previsible que la noche iba de tragedia. El tarugo lacayo que es Antonio Jiménez y que ha ido degenerando a fuer de tosco se interesó no por el hecho sino por el estadio, que es en donde se mueve mejor. “¿No tiene nada que ver con el del Manchester United ni el del City, ¿no?”. Tras esa desafortunada muestra de erudición, y ante el bloque espirituoso, terció Francisco Marhuenda: “Te voy a dar una lección, hermano. Hay algo más aparte del fútbol”.

No, señor”, interrumpió Jiménez con la desfachatez del frívolo. Y sentenció con ínfulas de garrulo: “El fútbol es lo más importante y el Real Madrid mucho más”. Jiménez, al menos, fue sincero en la exhibición mostrenca de su ignorancia, de sus prioridades y valoraciones, que nada más lustroso que el Palco del Madrid, por donde tanta mierda corre.

No se habían dado cifras de muertos y heridos, solo noticia de dos explosiones, pero las explosiones producen muertes y el primer flash ya exigía profesionalidad, seriedad y atención. Pero Antonio Jiménez hace tiempo que dejó de ser periodista, si alguna vez lo ha sido. Siendo periodista hoy en día no se puede estar en los medios. Y lo sabe y actúa en consecuencia, inhabilitando neuronas cada día. Jiménez es un lacayo con trienios y para él la clave era de qué equipo de Manchester era o no era el estadio. Bienvenidos al mundo real, donde el fútbol es lo más importante.

 


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