Franco ganó la guerra de calle e invicto



Desfile de la Victoria.

Enrique de Diego

Franco ganó la guerra de 1936-39. Es un hecho histórico. La pretensión de la izquierda de ganarla a golpe de votaciones parlamentarias, negocios subvencionados y persecuciones autoritarias es ridícula. Además, la guerra la ganó el bando nacional por la capacidad y el criterio de Franco. Fue Franco, un militar capaz, de nervios templados y muy intensa preparación, el que hizo posible la victoria.

El levantamiento del 17 de julio en Melilla y el 18 de julio en la Península fue un fracaso. Tal y como había previsto Franco, sería una guerra larga y costosa y los primeros compases en cada lugar se decidirían por las postura que adoptara la Guardia Civil. El alzamiento no tuvo éxito en Madrid, Barcelona y Valencia, tampoco en Bilbao, de forma las zonas más pobladas e industriales de España cayeron del lado de la República. El bando nacional solo triunfó en las agrícolas Castilla, Galicia y Navarra y merced a la genialidad de Gonzalo Queipo de Llano, que lo consiguió con muy pocas fuerzas, mucho arrojo y mucha inventiva mediática, en “Sevilla la roja”, lo que situó una cabeza de puente para la llegada de las unidades de élite del Ejército de África, Regulares y Legión. La República también contaba con las reservas de oro del Banco de España, 700 toneladas. De los 41 generales de División, solo se sublevaron 4.

La República debió haber sofocado la rebelión con facilidad y no faltan quienes especulan con que se dejó hacer para hacerlo. Mola, sin reserva de balas, estuvo a punto de tirar la toalla. Franco no había diseñado la intentona, se sumó a ella en el último momento y, en principio, su papel iba a ser secundario, pero Sanjurjo murió al ir a ser trasladado por Ansaldo, empeñado en cargar con un baúl repleto de uniformes, que dificultó con su peso el despegue.

Caudillo, un término apropiado

Los generales del bando nacional, reunidos en una finca de Salamanca, tuvieron el acierto de establecer la unidad de mando y elegir a Franco. Una forma que en la historia había dado lugar al inicio de dinastías. El término caudillo con el que se denominó a Franco fue totalmente apropiado. Franco no cometió errores. Era un hombre minucioso en todo lo relacionado con la logística y la intendencia. Tenía un sentido avanzado de la estrategia, partidario de la “guerra de movimientos”. Nunca perdió una batalla –la del Ebro fue la más importante y la más costosa- ni tampoco una capital de provincia. La superioridad abrumadora en términos de propaganda de la República bolchevique, con la capacidad de mentira y manipulación del Comintern, se lo imponía. Fuera de eso, se acumularon los errores en el bando republicano.

Franco libró una guerra militar, con criterios militares, mientras los republicanos plantearon una guerra política, para hacer la revolución, y con numerosas divisiones internas que llegaron a la guerra civil en Barcelona en la primavera de 1937 cuando Stalin ordenó el exterminio de los trotskistas del POUM. Los republicanos se dedicaron a asesinarse entre ellos y las unidades trataban de reservarse para tener menos bajas y estar en posición de ventaja para después de la guerra: la aviación comunista no atendía las peticiones de ayuda de unidades anarquistas.

Los republicanos huían con facilidad

En los primeros compases de la guerra, las unidades republicanas se desmandaban con facilidad y huían con una cobardía que no demostraban como asesinos. Aunque los comunistas impusieron disciplina, la falta de acometida, el abandono del campo de batalla fueron constantes en toda la guerra, incluso se abandonaban los sólidos y eficaces tanques rusos, de forma que al final de la contienda los nacionales de Franco tenían todo un regimiento blindado formado exclusivamente por tanques de fabricación rusa.

Solo con la Marina, que cayó del lado republicano tras el asesinato de los oficiales, los republicanos hubieran podido ganar la guerra con facilidad, pero no hubo disciplina ni pericia, se organizaron soviets y se resquebrajó la disciplina y el bando nacional incluso consiguió trasladar al Ejército de África.

Franco no solo gestionó magníficamente los frentes, también la retaguardia. Su principal realización fue mantener una moneda respetable sin el apoyo de las reservas de oro y sin un sistema bancario central. La peseta nacionalista se mantuvo estable, en una relación de 70 a 80 con la libra esterlina. En cambio, la peseta republicana cayó de 36 en junio de1936 a 226 en diciembre de 1937 y luego se derrumbó.

Franco no era un fascista ni un nazi, sino un militar conservador, católico y reaccionario. Afirmó que “los españoles están cansados de la política y los políticos. Solo los que viven de la política necesitan temer a nuestro movimiento”. Desde el primer momento estableció su independencia frente a sus aliados, la Alemania nazi y la Italia fascista. Compró sus armas a crédito, con lo que estas potencias estaban interesadas en cobrar y en que Franco venciera. Al final de la guerra, acabó debiendo 225 millones de dólares a Alemania y 273 millones a Italia. Por el contrario, la República bolchevique pagaba en efectivo a la Rusia de Stalin, a la que entregó todas sus reservas de oro, mientras Stalin la ordeñaba, la utilizaba como objeto de propaganda e imponía el precio político de las purgas, de forma que desde el ascenso de Juan Negrín el mando real estaba en la embajada soviética. En noviembre de 1938, Stalin despidió al enviado de la República indicándole desabridamente que se le había acabado el crédito.

La ayuda exterior fue equilibrada entre los dos bandos, y si bien el alzamiento hubiera podido fracasar en los primeros compases sin la entrega de aviones de transporte de Alemania e Italia, lo que permitió consolidar Sevilla, Franco hubiera tomado Madrid sin la llegada de las Brigadas Internacionales, formadas por comunistas de todos el mundo, y abundante material soviético.

Cada uno de los pasos de Franco sugieren sensatez, ponderación y brillantez. Unificó a falangistas y carlistas en el Movimiento Nacional; una fusión sin base ideológica ninguna entre dos fuerzas muy alejadas en sus mentalidades y propuestas. En el bando republicano siempre hubo una gran división interna y un clima de ajustes de cuentas entre pandillas.

Franco que empezó teniéndolo casi todo perdido, venció por completo el 1 de abril de 1939, emitiendo un escueto parte de guerra. Fue un caudillo exitoso e invicto.

 


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