Geoestrategia demográfica: Solo las sociedades homogéneas funcionan



Enrique de Diego

Los cambios históricos están condicionados por la geografía, pero, sobre todo, por la demografía. Solo las sociedades homogéneas funcionan. Y eso no es una nostalgia de la tribu, como señaló Karl Popper sino una evidencia empírica. Las sociedades diruptivas propenden al conflicto. Por supuesto, no todas las sociedades homogéneas funcionan, y la evidencia son las islámicas en las que incluso bajo el aporte de capital del petróleo no han conseguido ni hacen un automóvil árabe y cualquier ciudadano del mundo puede ir de la cuna a la tumba sin consumir nada producido en el mundo islámico (salvo el aceite de palma).

La única excepción a esta regla que merece la pena considerarse –y que se ha utilizado subliminalmente para la utopía destructiva del multiculturalismo- es la de Estados Unidos, calificados como tierra de emigrantes. Los primeros intentos de colonización por aventuras laicas fracasaron por la avaricia imprevisora y solo cuajaron con la llegada de los puritanos del My Flower a la nueva tierra prometida. Estados Unidos nació con una fuerte impronta religiosa, acrecentada o renovada con el Gran Despertar evangélico y el Segundo Gran Despertar.

La emigración tuvo un efecto perverso en el confinamiento de las tribus aborígenes en reservas. Se trató de un proceso de conquista, al tiempo que de emigración, y ésta que fue intensamente promovida con bajos precios de la tierra lo fue de inmigrantes europeos, blancos y cristianos. Desde 1815 hasta el comienzo de la guerra civil llegaron a Estados Unidos más de 5 millones de personas provenientes de Europa, alrededor del 50% de Inglaterra, el 40% de Irlanda y el resto de Europa continental. Entre el fin de la guerra y 1890 llegaron otros 10 millones, en su mayoría provenientes del noroeste de Europa, en especial de Inglaterra, Gales, Irlanda, Alemania y Escandinavia. Entre 1890 y 1914, llegaron otros 15 millones, en su mayoría del este y el sur de Europa, polacos, judíos rusos, ucranianos, eslovacos, croatas, eslovenos, húngaros, griegos, rumanos e italianos.

La nueva nación buscó desde el primer momento y a través de su historia la hogomeneidad. Las restricciones posteriores fueron especialmente intensas para los asiáticos, los chinos, y en los prolegómenos de la segunda guerra mundial, muy notoriamente contra los japoneses.

John Adams, el segundo presidente, representante bostoniano de Nueva Inglaterra, ya mostró su honda preocupación por el arribo, a través de la esclavitud, de crecientes poblaciones de raza negra. Lo que llevó a la guerra de Secesión fue la necesidad de preservar la Unión y la percepción de que la esclavitud estaba corrompiendo a todo el cuerpo nacional. Como dijo Abraham Lincoln, si la esclavitud es buena para los negros tendremos que empezar a concluir que también lo es para los blancos. Los demócratas sureños, en la Convención de abril de 1860 pretendieron que la esclavitud se extendiera a toda la nación. Como expresó Lincoln, “creo que este Gobierno no puede tolerar que haya una mitad esclava y una mitad libre”.

Lincoln no era un abolicionista extremista, y en muchos aspectos puede ser considerado un racista: “mis más íntimos sentimientos están contra la igualdad”. Y el proyecto original era que los negros volvieran a África. A tal fin se propició el estado de Liberia y también se intentó con Santo Domingo, con Lincoln, pero ambas experiencias fracasaron porque los negros no quisieron volver a África y solo lo hicieron contingentes muy pequeños.

La delirante demografía del Sur

El Sur, en su avaricia, había llegado a una situación demográfica absurda. Según el censo de 1860, los once estados confederados tenían una población de 5.449.467 blancos y 3.521.111 esclavos negros. Casi un millón de varones blancos prestaron servicio militar y las bajas fueron trescientos mil. Los diecinueve estados de la Unión tenían una población de 18.936.579 habitantes y los cuatro estados fronterizos –esclavistas- otros 2.589.533, a los que había que sumar 429.401 esclavos, más de cien mil de los cuales sirvieron en el Ejército de la Unión, que contó con un total de 1.600.000 soldados.

A través de la esclavitud, que era abastecida por las tribus africanas, siendo los árabes los mayores traficantes de esclavos, Estados Unidos pasó a ser una nación multirracial. No puede decirse que la convivencia haya sido fácil, a pesar del crisol de razas norteamericano basado en una fuerte impronta cristiana y en un poderoso sentimiento patriótico, de forma que el Ejército ha sido uno de los pilares de la integración y la convivencia.

La falta de esa homogeneidad fue la causa de una cruenta guerra civil que dio paso al conflicto racial ubicuo. El periodo de 1866 a 1871 vio nacer el Ku Klux Klan, respuesta violenta al nuevo poder de los “aventureros”, los “pícaros” y los negros que detentaron el poder en la postguerra. Sería en el siglo XX, en los años sesenta cuando tomaría cuerpo el odio negro, que dio lugar a cruentas revueltas en numerosas ciudades. Más peligroso aún, el crisol de razas recibió un ataque mortal cuando la Fundación Carnegie encargó al sueco Gunar Myrdal, con una beca de la desorbitante cifra de 300.000 dólares, un trabajo sobre el racismo en USA cuyos resultados fueron publicados en enero de 1944 con el título de An American Dilema, que planteó la necesidad de políticas de discriminación positiva, propuesta que fue creciendo hasta infectar a la Judicatura y a la Universidad estableciendo auténticas castas raciales y dando lugar a la dictadura de la corrección política, que alcanzaría su cima en las legislaturas de Barack Husein Obama. El público ya se ha acostumbrado a los estudios sociológicos de marcado carácter racista con divisiones del tipo clase trabajadora blanca, varón negro, etc., que representan una fragmentación completa de la sociedad. Puede decirse que la base social de Donald Trump es una reacción frente a este racismo que, con frecuencia, es un racismo antiblanco.

Recientemente, un musulmán negro de Fresno, California, anunciaba su intención de matar cuantas más personas blancas y asesinó a cuatro. En sí las razas, cuando hay otros concretos como la religión y el patriotismo, pueden ser accidentales, pero cuando la raza se une a la ideología –Ku Klux Klan o Panteras Negras- o a la religión, como es el caso, el conflicto está servido y la violencia entra en escena.


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