José Utrera Molina, hombre de una época en la que el honor era seña de identidad en España



José Utrera Molina. /Foto: elperiodico.com.

Javier García Isac. Director de Radio Ya.

Falleció un gran hombre, un valiente que siempre llevo como bandera la lealtad y la fidelidad. Falleció una gran persona, un ser inimitable, autentico, extraordinario, de los que dejan huella, de los que marcan. Falleció José Utrera Molina. Una vida sin atajos, una vida limpia, sin tachaduras, sin nada en el “debe”, todo en el “haber”, buen amigo, mejor persona.

Pepe era un hombre de honor, de los que no abundan, un hombre bueno, dialogante, conciliador. Intransigente con la maldad, la cobardía y la traición. Orgulloso de su pasado y de su presente, orgulloso de su familia, de sus hijos, de sus amigos.

No pretendo yo aquí glosar sus muchos méritos políticos y sociales, no pretendo resumir en unas líneas todo lo que hizo por muchos españoles necesitados allí donde fue destinado, primero como Gobernador Civil de Ciudad Real, después de Burgos y por fin de Sevilla, ni siquiera pretendo destacar su talla como ministro de la vivienda y posteriormente ministro secretario general del movimiento. Sería demasiado pretencioso intentar resumir toda una vida al servicio de España en unas pocas palabras, en un solo artículo.

Su fidelidad inquebrantable no le impidió cuestionar al mismísimo Franco cuando este decidió que su sucesor en la Jefatura del Estado fuese el actual rey emérito Juan Carlos I. Pepe era un visionario e intuía que el emérito rompería su juramento a las leyes fundamentales del estado.

Durante la transición, Pepe vio como muchos de sus compañeros y camaradas huían y abandonaban un barco que ellos mismos estaban ayudando a hundir. Pepe se mantuvo fiel, fuerte “sin cambiar de bandera”, “sin cambiar de chaqueta”. Negándose a disfrutar de privilegios a costa de los presupuestos del estado, negándose a convertirse en lo que ahora conocemos como casta política. Su ideología falangista marca toda una vida y plasma en su obra, una honda preocupación social que le acompañaría siempre. Este pensamiento supo compaginarlo perfectamente con su fidelidad sin fisuras hacia el General Franco, con el que mantuvo una estrecha relación y de la contaba divertidas anécdotas como cuando Franco le dijo: Usted haga como yo, no se meta en política, o al ser destinado a Ciudad Real, Franco le confesó, si yo fuera Usted, me encantaría ir a Ciudad Real, y a la pregunta de por qué, Franco le confeso, porque allí está todo por hacer…

Siempre lúcido, siempre activo, fue de las voces más críticas con la mal llamada ley de la memoria histórica. El mismo sufrió las insidias y las mentiras de esta perversa ley y a pesar de las muchas protestas y quejas de la ciudadanía, le fue retirada la medalla honor de su querida Sevilla. Los ignorantes piensan que basta con quitar una medalla, una calle, una placa, un monumento, para borrar la grandeza de un pensamiento, la grandeza de una persona, el recuerdo de una idea. El que los miserables de ahora le nieguen el reconocimiento que Pepe Utrera Molina merece, solo hace si cabe, engrandecer más su figura, su prestigio, su imagen.

Descanse en paz Don Jose Utrera Molina. Ahora está en el cielo junto a todos aquellos a los que siempre se mantuvo fiel y leal. Querido amigo, a nosotros solo nos queda mantener vivo tú recuerdo, tú imagen y tú obra. Querido Pepe tu ejemplo perdurará por encima de los mediocres y pusilánimes de los tiempos que nos han tocado vivir y que desconocen que hubo una época en que el honor y la verdad era la seña de identidad de la mayoría de los españoles.


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