Geoestrategia demográfica: La raza blanca europea en peligro



Invasión. /Foto: lanuevacronica.com.

Enrique de Diego

Las sociedades europeas –concretamente las occidentales, pues las orientales han reaccionado y se han blindado- están siendo sacudidas por el azote del terrorismo islámico indiscriminado –púdicamente llamado yihadista, para ocultar y no extraer las conclusiones y consecuencias de que es sencillamente musulmán- que no es más que el ariete de un problema mucho más grave: la presión demográfica de la raza aborigen africana y las etnias islámicas para sumergir a la raza blanca europea y acabar con ella y la civilización.

África y el islamismo, dos inmensos fracasos societarios, dos desiertos intelectuales, están invadiendo la Europa occidental merced al debilitamiento de las fronteras, sin aporte ni relación alguna con la economía, salvo vivir del contribuyente como grupos parasitarios cada vez más numerosos, en un esquema que, de no cortarse radicalmente, mediante el cierre de fronteras, la eliminación de ayudas, la deportación de todos los ilegales, la eliminación de la doble nacionalidad y la retirada de la nacionalidad a quienes no respeten un mínimo de convivencia (el derecho a la vida de los demás y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres) conducirá a un caos humanitario sin precedentes, con crueles guerras étnicas y religiosas.

El europeo, mediante el tabú, ha sido enseñado a no pensar en esquemas raciales, pero eso está lejos de producirse en el resto de las razas. El europeo, mediante el tabú y el secularismo, se ha acostumbrado a no pensar con criterios religiosos, pero eso está lejos de ser así en los musulmanes, que los identifican con los cruzados.

Esta peligrosa inmersión racial está siendo pagada por los que ya son las directas víctimas del terrorismo indiscriminado, con lo que eso significa de designio embrionario de genocidio. No es suficiente la lucha contra el terrorismo, hasta el momento sumamente tibia e ineficaz, llena de coartadas relativistas y de groseras mentiras, sino que es preciso ir a una reversión demográfica de inmediato.

Dan ganas de gritar: ¡Despertad, europeos! Vuestro futuro está en peligro. Recuperar la racionalidad que os hizo grandes. Defended, de una vez, vuestra propia supervivencia.

El planeta tierra alberga en números redondos seis mil millones de seres humanos. Hasta el siglo XIX, la población mundial crecía de manera muy leve. Han sido las mejoras de la medicina occidental reduciendo el riesgo del parto y la mortalidad infantil las que han producido una explosión demográfica, especialmente intensa desde la segunda mitad del siglo XX.

Ese aumento exponencial de la población no se acompaña de su viabilidad, sino que incluye dos inmensos y profundos fracasos societarios de dimensiones catastróficas: el de África y el islamismo, que con frecuencia se entrelazan. Ni las sociedades africanas ni las islámicas, más aún cuando la negritud va de la mano del islam, pueden sostener su población; precisan expulsar de continuo los excedentes poblacionales de su irresponsabilidad, de su falta de ética de trabajo, de sus estructuras ineficientes, de su amor al desierto que expanden. Y esos excedentes de población presionan de manera agresiva sobre Europa occidental, en un suicida debilitamiento de las fronteras y en una financiación de esas legiones de invasores, sin oficio ni beneficio, que acicateados por el hambre pretenden y exigen ser mantenidos.

Está en peligro la identidad, con muchas zonas de Europa irreconocibles, africanizadas, islamizadas, pero más allá se está poniendo en peligro la supervivencia.

El islamismo extiende y exporta el desierto.

Es preciso insistir: ni las sociedades africanas ni las islámicas son capaces de sostener su población y por ello toda ella está siendo llamada a invadirnos. África, cuyo Norte fue el granero del Imperio romano, hoy es desierto y selva, con 500.000.000 de habitantes, estimados, pues no existe ni la posibilidad de censo. Y esa marea humana está dirigiéndose a Europa con el manifiesto riesgo de convertirla en una proyección del fracaso de África y del islámico; dos inmensos fracasos que nada han aportado desde hace un milenio a la mejora de las condiciones de vida de la especie. Arabia Saudí no acepta un solo “refugiado” para evitar su desestabilización. Lejos de ello, va a expulsar a cinco millones de inmigrantes. Arabia Saudí, Yemen y los estados del Golfo tienen una población 100% musulmana, pero tienen sus fronteras cerradas al resto de musulmanes.

Es lógico que toda una generación sin futuro se ponga en marcha hacia Europa pero no lo es que Europa abra sus puertas y vacíe sus arcas a quienes no hacen ni harán otra cosa que desestabilizar las sociedades europeas.

Toda esa presión demográfica se ejercer solo y exclusivamente sobre las sociedades europeas occidentales. Las orientales han tenido el acierto de cerrar sus puertas, sus fronteras, que es lo que se debía haber hecho y se debe hacer cuanto antes, porque no se resuelven los problemas de África convirtiendo a Francia o a Suecia o Bélgica o a España en sociedades africanas; como no se resuelven los problemas de Argelia, Marruecos, Turquía, Somalia, Senegal o Afganistán convirtiendo a las naciones europeas en islámicas. Eso es importar el desierto y poner en riesgo a la población autóctona europea.

¡Despertad, europeos! Queráis o no, sois la raza blanca. Queráis o no, seáis agnósticos o ateos, sois cristianos y como tal sois considerados. Y estáis en peligro y lo estáis financiando vuestro designio genocida. ¿Cuándo esas masas, esas hordas educadas en el odio y el resentimiento qué harán? Ya están asaltando las casas y ocupándolas y exigiendo más dinero para no ser más criminales, para no radicalizarse.

Las naciones europeas orientales, de raza blanca eslava han despertado. Vienen de la experiencia terrible del comunismo y parecen inoculados respecto a la ceguera relativista. Han cerrado sus fronteras y han hecho bien. No tienen el azote del terrorismo musulmán porque no han dejado entrar a los musulmanes. Como ha hecho Hungría, con diez millones de habitantes; una sociedad homogénea sin conflictos.

Como ha hecho la católica Polonia, sin someterse a los dictados suicidas de una jerarquía acomodada y descreída, sumida a los dictados globalistas. El 98% de los polacos son polacos, étnicamente polacos; una sociedad homogénea sin conflictos, sin atentados.

Rusia tiene 146,3 millones de habitantes. Durante los años 90 su población decrecía el 0,5% anual, pero desde 2012 los nacimientos superan a las defunciones. Desde 2007, impuso restricciones al aborto, ha erradicado la ideología de género, ha incentivado la natalidad –de los autóctonos, claro- y ha empezado a resolver sus problemas. No ha hecho como Francia que incentivando la natalidad ha convertido en un negocio parasitario la expansiva natalidad argelina y marroquí, musulmana.

Las sociedades han de ser homogéneas. En otro caso, están llamadas a desangrarse en conflictos internos, en guerras étnicas. ¡Despertad, europeos!

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