La gran Orden aragonesa de Alfambra o Montegaudio



Fortaleza de Alfambra. /Foto: caminosyencomiendas.com.

Enrique de Diego

Entre nuestras Órdenes Militares merece un homenaje y un recuerdo emocionado la gran Orden aragonesa de Alfambra o Montegaudio.

Siendo el batallar constante contra el agareno en el solar patrio, nuestras Órdenes Militares fueron hispanas en su leva y en su territorio, salvo la de Alfambra, que asumiendo plenamente la lógica de la Cruzada tuvo su caput ordinis en Jerusalén, en el Monte Gaudio o del Gozo, desde donde la primera Cruzada vio las murallas de la Ciudad Santa.

El Monte del Gozo en la primera Cruzada. /Foto: farodevigo.es.

Fueron muchas las iniciativas bélico-religiosas que surgieron en la Reconquista. Cofradías de hombres devotos, conjurados para defender una ciudad reconquistada. Muchas se perdieron en los inicios. Algunas florecieron y crecieron: Calatrava, Santiago, Alcántara. Las tres de fuerte impronta castellana.

El rey Alfonso II de Aragón quería una Orden aragonesa y en esa inquietud estaba el que puede considerarse como el fundador de la Orden, Rodrigo Álvarez de Sarriá, santiaguista. La Orden fue fundada el 7 de julio de 1172 y aprobada en bula de 1173 por el Papa Alejandro III. Alfonso II le concedió la fortaleza turolense de Alfambra, de donde tomó el nombre en su primera época. Con ella se fusionó la Orden del Hospital del Santo Redentor, con sede en Teruel.

Crecida y fuerte la Orden se internacionalizó, trasladándose al mismo corazón de los anhelos de cualquier soldado de Cristo: la ciudad donde fue crucificado el Redentor.

Cada Semana Santa, Alfambra rememora su pasado.

La Orden de Monte Gaudio, como se llamó en su época de Tierra Santa, fue diezmada en la aciaga jornada de la batalla de los Cuernos de Hattin, que representó la pérdida de Jerusalén y de buena parte del reino cruzado.

Quedó tan maltrecha la honorable Orden que fue disuelta ordenando a sus miembros que se integraran en el Temple, a lo que una buena porción se negó recalando en Calatrava. Los que entraron en el Temple, tras el terrible final de la Orden primera, santa y benemérita, terminaron en el Hospital-Rodas-Malta. Todavía tuvo Alfambra el honor de dar un Gran Maestre de Rodas en la persona de Juan Fernández de Heredia, que se había iniciado como comendador en Alfambra. Deus le vult.

 


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