Ruiz-Mateos desenterrado por sus hijos



José María Ruiz Mateos. /Foto: elmundo.es.

Ignacio Fernández Candela. Exportavoz y siempre amigo.

Os conozco bien, tanto como ahora sabe toda España, inequívocamente, sobre vosotros. No os libráis ninguno. La que era hasta este momento vuestra medida de maldad, ha sido rebasada   por esa confianza infame que os inspira la acostumbrada falta de ética.  Mal os aconseja Satanás sobre la tierra. Sois seres muy extraños y con tendencia a sobrepasar la marca de vuestros cinismos destructivos. No lo advertís pero estáis muertos; vuestro padre os sobrevive, traidores. 

El autor con Ruiz Mateos, en una reunión. /Foto: archivo personal del autor.
La medida cruel tras vuestros instintos manifiestos de inhumanidad contra miles de Inversores, se ha excedido revolcándoos en la traición que nuevamente practicáis sin conciencia contra un PADRE al que vuestra impericia y cobardía destruyeron en vida.
Doce hijos y cincuenta y dos nietos. Si permitís la aberración legal seréis manada.  Más allá de pareceres contrarios y vuestras luchas de codicia carroñera, ni uno os libraréis. Todos quedaréis paradigmáticamente retratados como el súmmum de la ingratitud y la  impiedad.
 
Si no lo impedís, el viernes 7 de abril de 2017 serán vuestras garras conjuntas las que se hinquen sobre la tumba de un padre redimido de vuestras presencias. Tened por seguro que escucharéis los ecos de ese día sombrío en que la exhumación -vuestra profanación- os habrá condenado a enfrentaros contra la conciencia hasta que la muerte os libere.
 
Después os tocará rendir cuentas por vuestras siembras. No volveréis a mirar los ojos de quien os observa sabiendo lo
que sois, sin que podáis engañarlo más.
 
Descanse en Paz, pese a su familia, José María Ruiz-Mateos; si lo fuera, ruinmente desenterrado. Sepultado dos veces por sus hijos; una de ellas en vida. Justicia.
José María Ruiz Mateos y sus hijos. /Foto: elconfidencial.com.

 

 

 

 

Elogio de una amistad

Enrique de Diego.

Ignacio Fernández Candela, brillante escritor, se está batiendo el cobre por su amigo José María Ruiz Mateos. Eso le honra. Más allá, es un ejemplo de amistad en estos tiempos muelles en que los hombres valen lo mismo que su palabra, muy poco; en los que los compromisos se eluden y la lealtad brilla por su ausencia.

José María Ruiz Mateos -el grande, el más grande empresario que ha dado España, 700 empresas, 60.000 empleados, con 350.000 millones de pesetas de facturación, cuando el 23 de febrero de 1981, el socialismo se lo quitó todo abriendo las compuertas de la corrupción y acabando con la separación de poderes- murió en lo que San Juan Pablo II llamaba “el fracaso del hombre justo”. Fue probado hasta la saciedad como Job. Y la más dura prueba fue lel desapego y la traición de los suyos.

No tiene mérito estar al lado de alguien en los oropeles del triunfo, pero estar en la senda dura del fracaso es de hombres fuertes. Y ahí estuvo y está Ignacio Fernández Candela luchando por la memoria, dignidad y justicia de un hombre grande, perseguido por la envidia y la mediocridad. Ignacio es “el amigo que le acompañó en las trincheras cuando casi todos le abandonaron”. Me consta que este batallar contra mundi le ha traído no pocos sinsabores, riesgos y amenazas, que no le han doblegado.

A José María Ruiz Mateos no le dejan en paz ni una vez muerto. El juez de Primera Instancia e Instrucción nº 2 de Pozuelo de Alarcón ha ordenado la exhumación de sus restos para practicar la prueba de paternidad solicitada por Adela Montes de Oca. La familia de José María es suficientemente numerosa para que cualquiera de sus miembros, empezando por sus hijos, hubieran evitado esta profanación. No han tenido el mínimo de piedad filial, como si la inquina de los suyos –esa voluntad de cargárselo todo al muerto- le siguiera en ultratumba. Ignacio Fernández Candela tiene toda la razón en su justa indignación. Rambla Libre, querido Ignacio, está a tu lado, contigo en esta causa justa al 100 por 100.

Lo que callé sobre José María Ruiz-Mateos (I)

 

 

 


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