No volveré a ver ninguna película de Meryl Streep



Meryl Streep. /Foto: lavanguardia.com.
Meryl Streep. /Foto: lavanguardia.com.

Enrique de Diego

Fernando Alonso Barahona, por el que profeso admiración como el mejor crítico de cine de España y con el que es un orgullo contar en Rambla Libre, ha escrito un espléndido artículo, que recomiendo vivamente, sobre el mitin político de Meryl Streep en los premios Globo de Oro. Tal y como funciona este mundo podrido y decadente, al que hay que regenerar, y lo vamos a hacer, no pondría la mano en el fuego de que no estuviera todo orquestado y le hayan dado el premio a condición de que atacara al presidente electo Donald Trump, que es, por cierto, agredir a todos los electores. Personalmente, me siento agredido por esa meluflua marisabidilla.

Como esto es ya una lucha por la supervivencia y por la civilización, hay que enfrentarse, en todos los frentes, a estas tiranías de la demencial y suicida tiranía de la corrección política. No volveré a ver ni una película en la que salga Meryl Streep. Ni de las que pueda hacer de ahora en adelante, ni de las de su filmografía anterior. Tengo para mí que a Fernando Trueba le ha venido muy bien encontrarse con el rechazo de la gente a la que ofendió insultando a España y a su patriotismo y, si bien el fracaso de su película puede deberse más a que quienes la han visto dicen que es bodrio, de ahora en adelante estos malvados cineastas se van a tentar la ropa antes de hacer la gracia.

Porque por su condición de cineastas, de directores, actores y actrices, no tienen ninguna autoridad para dar lecciones de moral a los demás y menos para usar las tribunas de su condición profesional para dar mítines políticos. Madonna iba a dar mamadas a cuantos votaran a Hillary Clinton que no les vendrán mal para los decaídos que están y Robert de Niro le iba a dar un puñetazo en la mandíbula a Donald Trump si se lo encontraba. No tienen límites en su impostura esta gentuza con glamour.

Disiento algo de Fernando Alonso Barahona. Como sobre gustos hay mucho escrito pero nadie lo hace caso, a mí no me ha gustado nunca Meryl Streep. Es una actriz perfeccionista que trata de crear su propia personaje pero éste es gélido y distante. Es una pestiño y en los premios globos de oro ha hecho su mejor papel en tal condición. Si se me permite la ironía, no entiendo como Robert Redford pudo liarse con ella en “Memorias de África”, aunque no duraba mucho en la casa. Y comprendo que el reportero Clint Eastwood de Los puentes de Madison desapareciera una vez terminado el reportaje. No es una de las grandes, en eso coincido con Fernando, y quizás eso dice mucho en relación con cierta pobreza del cine actual.

Se repite mucho lo del talento. Los futbolistas tienen talento. Los cineastas tienen talento. Y Belén Esteban tiene un talentazo que lleva media vida viviendo no dejando en paz a Jesulín. Meryl Streep puede tener talento como y para actriz, pero eso no le da autoridad moral para disertar sobre física cuántica. En política, tiene la misma autoridad que cualquier otro. Una docena de personas elegidas al azar por la calle puede ofrecer opiniones morales o políticas de tanta validez como una docena de actores. Con frecuencia más, porque estos suelen vivir en una burbuja multimillonaria, alejados de la realidad. De hecho, funcionan como ligas con un pensamiento único, dejándose guiar por modas o al dictado del stablishment. No son gente altamente individualista y con criterio propio, sino que siguen el patrón regular del gremio. Analizados en su conjunto, a menudo se muestran ultraconformistas desde los círculos que conforman aquellos cuya aprobación buscan y valoran. Se creen superiores, pero no lo son. Eso hace que, en masa, se tornen peligrosos porque les permite crear climas de opinión y ortodoxias preponderantes que, a menudo, generan climas de opinión y ortodoxias preponderantes, sin medir sus consecuencias.

Están destruyendo la civilización y poniendo en riesgo la supervivencia de la especie; nos están poniendo en peligro y a nuestras familias, así que no hay que reírles las gracias. Recomiendo ser coherentes. Una de nuestras armas es el poco dinero que nos van dejando, así que hay que dejar de visitar sus webs, de comprar sus productos, de ver sus películas. Esto es como una guerra y no hay que financiar al enemigo. Como el personaje de Un hombre tranquilo, Meryl Streep ha pasado a estar en mi lista negra. No veré ninguna de sus películas anteriores –no pierdo mucho- y ninguna de las que pueda protagonizar. Y desde este digital, humilde y combativo, recomiendo a todos los lectores que hagan lo mismo.

Un día menos para que Donald Trump tome posesión de la presidencia de los Estados Unidos.

 


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