El mausoleo de Aznar



Aznar y el pequeño Nicolás, tal para cual. /Foto: zoonews.es.
Aznar y el pequeño Nicolás, tal para cual. /Foto: zoonews.es.

Yrene Calais

Ya les vengo avisando, queridos lectores, desde hace más de dos años que Aznar haría alguna de sus monigotadas y no me equivocaba. Es otro personajillo al que mi ojo perspicaz a la hora de captar los perfiles psicológicos, modestamente, caló cuando fuimos presentados; un tipo que no está en sus cabales.

Mi médico suele decirme que detrás de muchos políticos se esconden enfermedades de todo tipo. En el caso de Aznar es manifiesta esa lucidez momentánea de los locos, pero que pasado un cierto tiempo, resulta intragable. No he visto jamás un ser más proclive a la adulación que él, de hecho todo su Gobierno se conformó de petimetres y lisonjeros.

Le encanta rodearse de gente mediocre. Es un hombre falto de cultura, de lecturas de base, de convicciones; soberbio hasta decir basta. Un mentiroso compulsivo, pero tampoco estoy segura si en su enajenación distingue la realidad de la ficción. Un retrato que si se tratara de mi vecino que lleva un camión de hortalizas al Mercado y las trae, me parecería perfecto, pero en el caso de un individuo al que se le puedan dar tan importantes responsabilidades como dirigir el presente y el futuro de una nación, me parece altamente peligroso, como ya se vio en el 11 M. Señor Aznar, ¿se ha aclarado usted ya de si fueron los islamistas integristas o si fue ETA? ¿sabe ya si había armas de destrucción masiva en Irak o si, por el contrario, han acabado destruyendo todos los tesoros del inicio de una civilización, a la que, por supuesto, a usted ni le va ni le viene? No le veo interesado por la cultura, ni el arte, ni nada que no sea su propia voluntad de poder. ¿Qué le parecen los cientos de miles de cristianos asesinados en Irak, tras aquello de Las Azores?

Carente de carisma y de programa político, y después de intentarlo una y otra y otra vez llegó a la presidencia del Gobierno por derribo. Ya se sabe que el más tonto es el que va siempre encabezando la lista. Remember George Bush Jr. Como dice el Eclesiastés, “el necio ocupa los más altos puestos y los idóneos están sentados en lugar humilde”.

Aznar no da ni para un Nerón de cuarta, aunque está ya muy acostumbrado a la posición de medio lado, al que sólo le faltan marcar con su pulgar, arriba y abajo, a quien tiene que eliminar. Eso ocurrió con un gran amigo mío y gran periodista, que había sido profesor de él, que en aquella época estaba de director de Abc de Alicante, una persona honrada, y que le había acompañado en sus primeros momentos, dándole apoyo logístico intelectual, al que quiso matar civilmente delante de los presentes en un acto público. Esto no me lo invento, lo vi con mis propios ojos. Y creo que hace poco se lo relaté a ustedes. Allí estaban sentados a mi lado, Federico Trillo a la izquierda y Esperanza Aguirre a la derecha; prietas las filas, por si sonaba la flauta, a ver qué nos dan.

Luego también se dio cita el denominado clan de Valladolid y, como no, el pelota lameculos de Alfredo Timermans, que fue secretario de Comunicación de su gobierno y luego recolocado en el pudridero de los ilustres que es Telefónica. Y ese decreto de muerte civil tan solo porque no estaba de acuerdo con él en un tema.

Aznar hizo una apuesta incoherente por unos medios de comunicación que todos han resultado fallidos, porque leído uno, ninguno se distingue del otro; una línea editorial e ideológica vacilante como la de Pedro J, un fatuo y un indigente mental, por no citar al satrapilla de Federico Jiménez Losantos, al que le gusta el dinero público más que a un tonto, un bollo. Y miren dónde está ahora Aznar. No es más que un pobre hombre, digno de lástima, sobre el que también pesan unos cuantos cadáveres en su conciencia, al igual que en la de Trillo: Dios nos libre de una responsabilidad tan fatal. Y también de que estos dos nos organicen algún viaje en avión. Llamando a la puerta cerrada de la nostalgia de unos tiempos que fueron mejores, según él y para él, pero no para los españoles que hemos sufrido sus delirios de grandeza.

Aznar, si llegara a la presidencia del Gobierno otra vez, ¿qué le quedaría por vender? ¿qué iba a hacer usted con el estado asistencial que creó, sin precedentes en ningún país europeo? ¿cuál sería la trayectoria de España en la Unión Europea y su futuro con el euro, en el que usted nos metió una noche de verano en Maastricht?

Y la pregunta más importante de todas, ¿qué línea política internacional seguiría ahora: apoyar a Inglaterra que crece económicamente, a pesar del Brexit, y al haberse liberado del yugo de los Blair y los Cameron? Y la pregunta del millón: ¿estaría a favor de la política norteamericana de Trump o traicionaría a sus amiguetes Bush y Clinton?

Usted, señor Aznar, con todos mis respetos, es un cadáver político. Está muerto y, como decían los romanos, muerto es el que ya no respira. El problema es que no se ha adaptado a ser un ciudadano normal, porque tiene aspiraciones de dictadorzuelo bananero, en el fondo de su corazón. Lo tiene todo, señor Aznar, mujer, hijos y nietos. Mi consejo es que segundas partes nunca fueron buenas y en su caso pueden ser catastróficas, puesto que usted es bastante gafe a la hora de llevarse carreras políticas por medio. Dedíquese a jugar con sus nietos y cuénteles las hazañas que hizo el abuelo y vaya preparando el mausoleo de la saga de los Aznar.

Váyase, de una vez por todas, señor Aznar.

 


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