La vuelta de Aznar



José María Aznar. /Foto: 20minutos.es.
José María Aznar. /Foto: 20minutos.es.

Enrique de Diego

José María Aznar no se ha ido del todo nunca, pero ahora que Rajoy ha declarado a FAES en extinción, sin subvenciones públicas, el expresidente del Gobierno quiere volver, reivindicarse. ¿Con un nuevo partido? Es muy posible, tal y como ha ido adelantando Rambla Libre. De dar ese paso le seguirían otras personalidades del “PP de Aznar” que lamen sus heridas por los conciliábulos madrileños: Alberto Ruiz Gallardón, Jaime Mayor Oreja y Benigno Blanco, los más destacados. Y a su rebufo, Esperanza Aguirre y el aguirrismo ninguneado por Cristina Cifuentes.

Aznar ha empezado su retorno por uno de sus antiguos feudos. Se ha reunido con 70 empresarios en Valencia y ha reivindicado la Comunidad Valenciana de Zaplana-Rita Barberá-Aznar. Los estereotipos –la corrupción- “pretenden ocultar una clara historia de éxito”, ha dicho. Aznar quiere que se le reconozca su éxito. Moncloa ya ha transmitido por los medios oficiosos su tranquilidad ante estos movimientos de quien el 20 de diciembre dio el portazo renunciando a su puesto de presidente de honor del PP.

Aznar no eligió bien a su heredero. Fue una decisión mediatizada por sus fontaneros, gentes como Carlos Aragonés, Baudilio Tomé, Gabriel Elorriaga, Miguel Ángel Cortés, quienes consideraron que la falta de equipo de Rajoy, les permitiría perpetuarse y que Rajoy podría ser controlado a distancia por Aznar. El objetivo ha resultado fallido. Los citados hoy no son nadie en el partido y Aznar es un personaje molesto, al que no se hace ni caso.

El aznarismo está siendo depurado. El aznarismo es perseguido en el partido. El argumentario es que Luis Bárcenas proviene de la etapa Aznar. El último proceso de demolición ha sido la filtración del informe demoledor sobre Federico Trillo y el Yak 42 del Consejo de Estado, que no es una institución independiente, sino controlada por el PP, con un destacado marianista, Romay Beccaria a su frente.

Los antiguos aliados mediáticos se han apresurado a jalear al expresidente para que vuelva al ruedo, a las urnas, anuncian –con las cuentas de la vieja- que sus expectativas serían el 15% de los votantes, 3,9 millones, 51 escaños. Consideran que sacaría votos que se han ido a Ciudadanos (en la Comunidad Valenciana ese partido es el zaplanismo reencarnado), que ha surgido del malestar por la corrupción y no por nostalgias centristas, y una parte de los votantes del PP que se sienten más reflejados en el PP de Aznar y que añoran el espejismo de los buenos tiempos aznaristas.

La crisis económica que padecemos es de sistema y consecuencia de los errores megalómanos de Aznar como la burbuja inmobiliaria; la invasión migratoria y la islamización fueron iniciadas por Aznar; la quiebra de las cajas se labró en su etapa; respecto a la Comunidad Valenciana no hay ningún estereotipo: el faraonismo y la corrupción fueron superlativos y letales. Me remito a los clarificadores textos de Yrene Calais. Pero es probable que una parte de la población no sea capaz de percibir estas evidencias y se haya quedado instalada en el “España va bien”.

Sin duda, Aznar haría daño al PP. Sería un Vox a lo grande. En buena medida, Mariano Rajoy es más el heredero de Zapatero que de Aznar. Todas las piezas de ingeniería social demoledora puestas en marcha por el bobo solemne de Zapatero han sido mantenidas por el bobo solemne de Mariano: violencia de género, matrimonio homosexual, memoria histórica. Rajoy es un inmovilista, también un ingrato.

El malestar de Aznar no es de hoy. Ya sangró por la herida de que no se habría tratado bien a Ana Botella. El clima de cesión ante la Generalitat catalana le abre espacio al aznarismo, aunque éste también cedió todo lo que pudo y más: no recurrió la normalización lingüística e impulsó el despliegue de los mossos. Aznar es parte de la casta, del problema, mucho más que de la solución. Puede generar, eso sí, una confusión conveniente.

¿Está preparando Alberto Ruiz Gallardón un partido?

 


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