Feminismo lésbico: El invento del patriarcado



Adán y Eva, pinturas de Durero.
Adán y Eva, pinturas de Durero.

Aunque parece un conjunto de estupideces ideadas por feministas lésbicas, han avanzado tanto en su totalitarismo que es preciso plantar cara a esta ideología chusca y mostrenca. Todo su edificio se basa en el concepto de patriarcado, que es una burda copia del marxiano capitalismo.

En ese imaginario patriarcado, que viene desde las cavernas hasta nuestros días, los capitalistas opresores son los hombres y las proletarias oprimidas son las mujeres. A diferencia del marxismo, no hay parusía, no hay sociedad sin clases explícita, o sin sexos, o sin procreación, puesto que la procreación es el equivalente a la plusvalía marxista: el elemento sobre el que se establece el dominio.

Como la copia es tan burda, las feministas lésbicas nunca definen qué entienden por patriarcado e incluso lo sitúan habitualmente como un arcano mutante y ubicuo, que provoca en ellas una especie de paranoia, que tratan de imponer a toda la sociedad. Así, Natalia Salvo Casaus, directora del Instituto Aragonés de la Mujer, “el patriarcado ha sido el sistema más perfecto jamás inventado, en tanto en cuanto ha sabido adaptarse a todos los sistemas que ha conocido nuestra Historia, desde el feudal hasta el capitalista, pasando por el comunista”.

¿Quién ideó el patriarcado en cuanto ideología? ¿Cuáles son sus textos fundacionales o de referencia? Nada se dice, en este gnosticismo que entraña un relativismo sexual o de género. La incomunicación es total. La mujer es siempre oprimida, aunque no lo vea, y si no lo percibe es muestra de lo perfecto que es el patriarcado. Así, para Esther Pérez de Eulate, “en un sistema patriarcal nuestra libertad nunca es ni absoluta ni plena”. Y: “el patriarcado es muy complicado, en muchos casos se acepta como natural la desigualdad entre hombres y mujeres porque es la opresión más antigua que existe”.

“Hay muchos aspectos que son evidentes pero otros son mucho más sutiles y además sus mecanismos de reproducción van mutando constantemente”.

El feminismo lésbico habla en nombre de todo el colectivo no reproductor LGTBI. Para Silvia C. Carpallo, periodista, máster en Educación y Asesoramiento Sexual por la Universidad de Alcalá, “el patriarcado impone un modelo de masculinidad que desde luego no se ajusta a todos los hombres. Un modelo violento, opresor y dominante que también afecta negativamente a las llamadas “nuevas masculinidades”. Un modelo que, al final, no nos deja ser ni a unas ni a otros”.

Para Pilar Aguilar, que se presenta como analista de ficción audiovisual, “el patriarcado es la ideología más antigua de las existentes (comparado con el patriarcado, el capitalismo nació ayer por la mañana)”.

Esto no es serio. Intelectualmente es inconsistente y brumoso. No tiene más entidad que una superstición o un culto para iniciadas, pero se ha situado como si fuera el pensamiento único de las mujeres. La minoría lésbica se ha puesto a hablar en nombre de todas las mujeres, como si fuera un colectivo, del que ellas son las sacerdotisas o las vestales que están en el secreto.

Así la citada Pilar Aguilar desacredita a cualquier que no piense como ella, porque “aunque alguna vez o en algún aspecto se atreven a transgredir principios androcéntricos y misóginos, siguen teniéndolos como referencia, como vara de medir. No son capaces de cuestionar la raíz ni la base de esa ideología”.

La gente se está hartando de este totalitarismo delicuescente, que hay que combatir de raíz desmantelando el negocio que han generado. En ese sentido, las elecciones norteamericanas han sido un varapalo a este esquema dictatorial: las mujeres reales se han negado a respaldar la corrección política de Hillary Clinton.


1 comentario en Feminismo lésbico: El invento del patriarcado

  1. Todas las feministas que he conocido reconocían ser bisexuales, y seguramente por no decir que les iba más el pescado que la carne.
    Yo creo que el feminismo y el lesbianismo son dos hermanos siameses, o más bien hermanas…
    Y luchan contra la “opresión” del varón, que ellas identifican con el pene, que les produce verdadera repugnancia, como instrumento de “dominación” del varón, y que pueda inseminarles para que sean madres, algo que también les repugna, en general, y salvo alguna excepción.

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