Niloofar Rahmani: No se puede ser piloto y musulmana



Niloofar Rahmani. /Foto: shugal.com.
Niloofar Rahmani. /Foto: shugal.com.

Virginia Montes

Niloofar Rahmani es la primera mujer aviadora de la Fuerza Aérea en la historia de Afganistán y la primera mujer piloto en el ejército afgano desde la caída de los talibanes en 2001. Aunque su familia recibió amenazas de muerte, Rahmani perseveró para completar su entrenamiento y ganó el Premio Internacional de Mujeres con Coraje del Departamento de Estado de EE.UU en 2015.

Rahmani nació en Afganistán en 1992. Desde que era una niña, tenía el sueño de convertirse en piloto y pasó casi un año estudiando inglés para poder asistir a la escuela de vuelo. Se alistó en el Programa Afgano de Entrenamiento Oficial para Las Fuerzas Aéreas en 2010 y en julio de 2012 se graduó como segunda teniente.

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Rahmani dice que le inspiraban, desde siempre, dos mujeres pilotos de helicóptero de la era soviética. Su primer vuelo en solitario fue en un Cessna 182. Con el deseo de volar aviones más grandes, acudió a la escuela de vuelo avanzada y pronto voló el avión de carga militar C-208.

Las mujeres tradicionalmente tenían prohibido el transporte de soldados muertos o heridos; sin embargo, Rahmani desafió estas órdenes cuando descubrió soldados heridos al aterrizar en una misión. Volando a un hospital, informó de sus acciones a sus superiores, a las que no impusieron sanciones.

Cuando se empezaron a conocer sus logros, la familia de Rahmani recibió amenazas de miembros de su propia familia y de los talibanes, que desaprobaban su ambición y sus opciones de carrera. La familia ha tenido que mudarse varias veces, pero Rahmani es decidida y pretende volar un avión C-130 más grande y convertirse en instructora de vuelo para inspirar a otras mujeres. Comenzó a entrenar en los C-130 con la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en 2015 y completó el programa en diciembre de 2016, después de lo cual solicitó asilo en los Estados Unidos. Rahmani dice sentirse amenazada en su país con sólo por los talibanes sino por compañeros en su trabajo y en el gobierno, que no entienden que no sea una mujer con roles tradicionales. “Muchos compañeros me tratan con desprecio”, denuncia, y reconoce que no puede salir de la base militar llevando uniforme por el temor a las respuestas y a los talibanes.