Melquiades Álvarez, centrista, reformista y futuro Premio a la Tolerancia



Melquiades Álvarez. /Foto: lne.es.
Melquiades Álvarez. /Foto: lne.es.

César González. Periodista.

En la cainita historia de España existen pocas figuras públicas que hayan destacado por luchar por los valores del consenso, la concordia, la tolerancia y el progreso de todos los españoles sin distinción de clase y condición.

La ignorancia, la falta de interés, cuando no el oprobio más premeditado de una clase política que siempre ha buscado la torpe división de los ciudadanos en rojos y azules para obtener rédito político, ha hecho que caiga en el olvido más absoluto una de las figura claves en la política española del siglo XX.

El pasado 22 de agosto se cumplía el 80 aniversario de uno de los crímenes más execrables de nuestra Guerra Civil. Algunos apuntes en la prensa generalista se encargaban de recordarnos quién fue Melquiades Álvarez, el ‘Pico de Oro’, el auténtico precursor y padre del reformismo español, la ideología que hoy ha devenido en llamarse centrismo o tercera vía.

Su asesinato no sólo estremeció profundamente al que fuera en aquellos momentos uno de sus principales detractores y otrora compañero de partido, Manuel Azaña, sino que llevó al socialista Indalecio Prieto a pronunciar su famosa premonición: “Con esto hemos perdido la guerra”. Se refería el dirigente a la pérdida de legitimidad y credibilidad a la que se abocaban las izquierdas ante la sociedad como supuestos adalides de la defensa de los valores de una República que fuera verdaderamente democrática y no la mera transición a otra cosa.

El desapego hacia el asturiano, tal vez tenga mucho que ver con el hecho de que no es aprovechable políticamente para ningún partido. El centro político está usurpado actualmente por Ciudadanos, con un líder al frente, que nos ha engañado a todos, instalado en la impostura y el veletismo, cuya fagocitación sólo es cuestión de tiempo. Y no mucho.

Ya quisiera Albert Rivera y sus seguidores ser una simple sombra de los grandes referentes del reformismo en España que acompañaron a Melquiades a bordo del Partido Reformista: Ortega y Gasset, Benito Pérez Galdós, Fernando de los Ríos, Filiberto Villalobos, Gumersindo de Azcárate, Manuel García Morente, Ramón Pérez de Ayala… ¿Y ese pobre muchacho quiere ocupar un lugar entre esos nombres vistiéndose como un nuevo Adolfo Suárez?

Como parte parcial, por ser un admirador de Melquiades y pequeño aprendiz de político, en el marco del IV Congreso del partido al que pertenezco, Ciudadanos de Centro Democrático (CCD) –en breve seremos Coalición de Centro Democrático-, aprobamos por unanimidad la creación de un premio que honre la memoria y la trayectoria del abogado gijonés. Merecerán su concesión personas u organizaciones que se distingan por la búsqueda de los valores de la tolerancia, la justicia, el consenso y la concordia. Melquiades en esencia fue eso. Su lucha es la de una España libre y democrática en la que cupiéramos todos proyectándose hacia la modernidad europea.

Cuando los acuerdos alcanzados los días 22 y 23 de octubre en Alcalá de Henares cobren firmeza, entablaremos comunicación con sus descendientes, la señora Sarah Álvarez de Miranda y Antonio Álvarez-Buylla Ballesteros, a fin de conocer su disposición a embarcarnos en esta aventura. De ambos sabemos, nieta y bisnieto respectivamente, los grandes esfuerzos que han hecho por la dignificación de su figura y los amargos traspiés que han recibido en su propósito.

Nos sentiríamos profundamente honrados y agradecidos si estas líneas llegaran a sus oídos y la Fundación que dirigen, accediera a colaborar con una organización política que, aunque pequeña y modesta, se asienta sobre unos firmes principios centristas.

Un profundo escalofrío recorre el cuerpo cuando se averigua que a Melquiades lo mataron tres veces. Cierto es que a lo largo de su vida abrazó postulados que en ocasiones se situaron más cercanos a la izquierda socialista y sobre todo en la fase final de la II República, se volvieron más conservadoras por razones más que obvias.

El accidentalismo que impregnó su pensamiento consiste en eso. La vida se encuentra llena de encrucijadas que hay resolver de manera práctica. Siempre he pensado que los centristas preferimos las ideas a someternos al absurdo dogma de las ideologías. Si algo es bueno, está ajeno a toda lógica desecharlo por proceder de un antagónico. Entre dos posturas, se encuentra un crisol de intermedios en los que se encuentra la razón superior. Cuando alguien piensa así, que no le quepa duda que, al menos en el país en el que según la estadística machadiana, “de diez cabezas nueve embisten y una piensa”, se granjeará enormes enemistades a ambas líneas del segmento.

Como digo, su primer y literal asesinato se produjo durante su encarcelamiento en la cárcel Modelo de Madrid por milicianos anarquistas exaltados, junto a otros líderes políticos conservadores que también corrieron la misma suerte en el marco de una sangrienta matanza. Un corte de bayoneta sesgó su garganta mientras en vano, trataba de defenderse sin haber merecido tan siquiera un juicio sobre su actuación. Encarcelado se encontraba por haber aceptado como decano del Colegio de Abogados de Madrid la defensa de José Antonio Primo de Rivera.

Las otras dos fueron metafóricas. Su nieta en su libro relata como Laína de Vereterrra, prima de Carmen Polo –mujer del Generalísimo- tras una agria discusión con su hermana mayor le comentó lo siguiente: “¿Pues sabes Margot lo que ha dicho Paco (Franco)? Que a tu padre, de no haberlo asesinado los rojos, lo habría fusilado él”.

La tercera hubiera venido por su pertenencia a la masonería y por la aplicación de ley de represión contra la misma. Perteneció a la Logia Jovellanos, razón por la que ya muerto, su nombre aparece en la Causa General abierta por el Fiscal Instructor del Gobierno Civil de Oviedo en octubre de 1941.

No contentos con eso, el ultramonárquico José María Pemán insistió en el desprestigio a su figura durante la etapa franquista, atribuyéndole todo tipo de responsabilidades por lograr el advenimiento de la II República. Cierto es que lucho incansablemente por su llegado tras los vanos intentos realizados ante Alfonso XIII por democratizar una institución que prefirió anclarse en el feudalismo del sistema canovista y fue cómplice de la dictadura de Primo de Rivera, en la que por cierto, no viene mal recordar que no es que se hiciera grande, sino enorme, el PSOE, a fuerza de ser apoyado por el entrañable líder de la Unión Patriótica. Es dramático comprobar con que ensañamiento e ira se ha pisoteado su nombre, zarandeado sin piedad por ambos bandos ideológicos y por los monárquicos. La razón: ¿la envidia?, ¿la incomprensión?, ¿su superioridad intelectual? A saber…

No es cuestión de ahondar en este artículo en todas las virtudes de su legado político, que han sido mayoritariamente adoptadas en la España democrática y que a buen seguro, de haberlas implantado en su tiempo, además de ahorrarnos un baño de sangre, el destino de nuestra nación hubiera sido otro, pero sí que merece un análisis la filosofía que subyacía en su manera de abordar los problemas de aquella España que en el fondo, no es tan distinta a la actual.

El nombre de Melquiades Álvarez sigue siendo el camino de la tercera vía inspirado por la filosofía krausista. Aunque fracasó en vida en su intento de acometer la modernización de España, su legado ha prosperado parcialmente. Combatió el fanatismo que llamaba rojoynegro”, defendió la separación entre Iglesia y Estado, promovió sin éxito la democratización de la monarquía española a emulación del sistema británico, incitó la libertad sindical, abogó por una España autonómica, pero nunca federal ni con competencias de educación delegadas o imposiciones lingüísticas, tal y como hoy las sufrimos… Muchas de estas reivindicaciones se han logrado, porque son los pilares que sustentan una convivencia pacífica entre españoles. Otros de sus logros están en clara regresión y por eso hoy más que nunca toca reivindicarlos.

La época que le tocó vivir a Melquiades, por desgracia, guarda muchas similitudes con la nuestra: crisis social y económica, quiebra del bipartidismo, conflicto territorial en Cataluña, descrédito de la Corona… Recuperar su figura es una tarea oportuna, que debe emanar de aquellos que defendemos el centro político.

Cierto es que el Partido Reformista nunca consiguió notables resultados electorales. Desapareció en 1923 como consecuencia de la dictadura de Primo de Rivera, para ser refundado en 1931 bajo el nombre de Partido Republicano Liberal Democrático, tratando de ejercer un impulso moderador durante ese periodo..

En CCD un pequeño grupo de centristas nos hemos propuesto defender y recuperar su memoria y su legado. Olvidar a Melquiades sería volver a fusilarlo una y otra vez 80 años después de su muerte. Por ello, hemos de emprender el camino para que la historia ponga en su verdadero lugar a un hombre honesto y bueno, que luchó incansablemente por el advenimiento de una república democrática y justa, progresista y laica, moderada y pacífica, que no debía asustar a nadie y en la que cupieran todos.


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