Toda la verdad sobre Ruiz-Mateos y la expropiación de Rumasa, contada por su confidente y amigo Ignacio Fernández Candela



José María Ruiz Mateos. /Foto: Ignacio Fernández Candela.
José María Ruiz Mateos. /Foto: Ignacio Fernández Candela.

Enrique de Diego

He aquí un lujo histórico, moral y periodístico. Quizás Rambla Libre tenía que nacer para publicar esta entrevista y hacer justicia a José María Ruiz Mateos, que supera o equipara al bíblico Job. Muchas claves, de suma importancia, como la relación entre dos 23 F, el del golpe zarzuelero y el de la expropiación manu militari de Rumasa, el gran emporio de una España que aún tenía esperanza. Interesantísimas las relaciones con Luis Valls Taberner y Rafael Termes, hermanos en la fe y traidores. Apasionante el dibujo de un personaje no bien conocido hasta ahora. Todo estamos pagando la expropiación de Rumasa que hundió a una nación y vejó a toda una sociedad que no rechistó, pastueña, y ahora es llevada al matadero: se repartió el expolio, se cercenó toda independencia de la Justicia, se mostró la democracia española como farsa. Destacar también la lealtad de Ignacio Fernández Candela -director de comunicación, confidente y amigo en los últimos tiempos de Ruiz Mateos- con su carga de ejemplaridad. Lean y disfruten:

  •  Estoy leyendo con deleite e interés su serial sobre José María Ruiz Mateos, con todas las novedades que está aportando, como su último director de comunicación, portavoz público-privado  y confidente, casi como su único amigo. Ruiz-Mateos pasó en su vida de ser el hombre más rico de España a pasar por la cárcel y el descrédito. Hay un personaje bíblico, Job, con el que no sé si usted le ve semejanzas.

Recuerdo sus palabras repetidas casi a diario: “por muy duro que sea, Nacho, si Dios lo quiere así, Amén“. Lo que no quitaba para que cada día fuera una batalla de supervivencia por el compromiso de cubrir las pérdidas de los Inversores de pagarés que se entramparon con una emisión que avaló públicamente, sin conocer las verdaderas circunstancias de caos que acontecían al Grupo Nueva Rumasa que él pensaba todavía solvente. Malos consejeros le dieron las claves para tomar decisiones erradas y quedar atrapado en el callejón sin salida de un descrédito que él no merecía, pensando que su obra estaba culminada y su herencia profesional custodiada en las manos de quienes demostraron no merecer un ápice de su confianza.

Era la paciencia personificada aunque en los últimos años de su vida fue tomando consciencia de que se le repetía una pesadilla de dimensiones colosales, sorpresivas y determinantes pues esta vez no tenía edad ni salud para afrontarlas. De ahí que depositara toda su confianza en mi persona con la inicial misión de recabar datos y entrevistarme con todos sus allegados familiares y profesionales para intentar comprender lo sucedido en ese tiempo desde que delegó responsabilidades directivas. Todo un seguro avispero de codicias enfrentadas. Me adentré en una aventura de la vida donde mi realidad superó, una vez más,  la ficción con innúmeras vicisitudes-de mayor calado lo privado que lo público ante los medios de comunicación- intensamente vividas a diario con él.

Me confesó, algo que no hacía con nadie,  que sus decisiones se tomaron en función de la información que recibía de otros. Le importaba conocer cuál era la intención detrás de esos errores de gestión, pero más le importaba saber en quién podía confiar y si la traición le llegaba de sus propios hijos. Su funcionalidad era moral, el impulso que le mantenía vivo, y su desempeño profesional firme con sus aptitudes de antaño aunque conscientemente mermadas. Pese a las adversidades y las condiciones precarias ansiaba resolver las problemáticas que él no generó, lastrado y trastocado, para más inri, con responsabilidad paternal por asumir las consecuencias de una debacle de la que no fue responsable. Así lo corroboró la UDEF exculpándole de toda responsabilidad en la emisión de pagarés y sus consecuencias con carácter de estafa. Inocente antes e inocente después. Sin tacha, prisionero de su destino que aceptaba con apreciable dignidad pero sin dejar de batallar contra la injusticia.

Existía en un pulso de desgastes cotidianos, durante muy crueles y terminales años, más allá de la paciencia, pues su inquietud generaba una violencia interior que pocas veces manifestaba tras su rostro serio y virtuosamente resignado, pero aún con resistencia ejemplar para continuar trabajando a diario en los proyectos de solución que acometimos basados, entre otros,  en la cesión de los derechos de litigio de la antigua Rumasa por los que se interesaban cuatro fondos de inversión extranjeros y algún lobby patrimonial con influencia mundial. Una manera de solventar con, digamos justicia poética, todas las injusticias que se le infligieron en este país cuajado de canallas con apariencia de respetabilidad.

El santo Job está superado.

El Ruiz Mateos que compraba empresas en ruinas y las reflotaba y las ponía en beneficios en tiempo récord

  • Lo que usted está contando con tanta profundidad y conocimiento sobre Nueva Rumasa y el último Ruiz-Mateos y su familia es para mí totalmente nuevo. Permítame que me remonte, pues tengo más edad que usted, a aquella época dorada de Rumasa, en la que la laboriosa abeja se expandía por toda España creando puestos de trabajo y José María Ruiz-Mateos era un hombre discreto, dedicado a su trabajo. Hoy aquello parece mentira, pero me parece preciso recordar a aquel Ruiz-Mateos discreto y exitoso. ¿Hablaba con usted de esa época?

Cuando el Parkinson lo permitía hablábamos mucho de este tiempo de trabajo, de su funcionalidad empresarial, de sus métodos para comprar empresas deficitarias y reflotarlas con gestión sobresaliente, multiplicando beneficios que le permitían pagar un año después de adquirirlas bajo contrato temporal. Así sucedió con Dhul y muchas más sociedades. Celdas de una colmena laboriosamente levantada con dedicación, entusiasmo y carácter magníficamente constructivo.

José María era un personaje exclusivo por sus condiciones de ingenio empresarial y financiero que habrían sido su única huella profesional, junto a su patrimonio valorado en retasaciones en 18.000 millones de euros, como demostración de capacidad inigualable para generar riqueza y empleo, de no haber acaecido el expolio del 23 de febrero de 1983 que le obligó a tomar decisiones más allá del mero e ingente desarrollo mercantil y financiero. La singularidad fue característica de su existencia, pero su magnífica labor de discreción y eficacia tras la mesa de los despachos se soliviantó mediante la corrupción felipista que se inauguró con una expropiación, en el tiempo constatada como injustificada e ilegal. Digo bien ilegal, más allá de esas arbitrariedades judiciales descaradamente vergonzosas y admitidas en las más altas instancias de la corruptela institucional hipócritamente silenciada.

Me dijo que el propio Escrivá de Balaguer le avisó sobre su exponencial escaparate empresarial y financiero que cuajaba de logotipos de Rumasa toda España y con proyección internacional: “Esas dichosas abejitas, José María, dichosas“… Sin duda que se convirtió en el chivo expiatorio de esa declaración de intenciones con la que Felipe González irrumpió con el socialismo en España, vendiéndose a José María Ruiz-Mateos con el precio de una traición que enriqueció soberanamente a todos esos incipientes democráticos que han escrito corruptamente la historia de un grandioso país; actualmente vulnerado institucional y económicamente con la impunidad de los que lo han reventado por método de implosión, iniciado descaradamente con la expropiación delictiva de Rumasa.

De nada sirvió la exculpación del empresario en 1997 ni los dos autos del Tribunal Supremo que en 1999 dictaminaron la devolución de lo expoliado-a falta de una consolidación de balances que jamás hubo intención de realizar-con la evidencia de una corruptela de alto nivel, específicamente generada desde el ámbito jurídico para encubrir actuaciones políticas y económicas. Esa aberración ha degenerado en la ruina de un país de entrañas insanas. Un país enfermado crónicamente con aquella intervención delictiva de la que muchos se hicieron cómplices y beneficiarios. Una conspiración real en toda regla que el empresario soportó con mucha más dignidad que las apariencias dieron a entender.

Mayor mérito tuvo su nada improvisado y esperpéntico modo de protestar cuando se dio cuenta de la gran trampa que suponía el golpe contra su Holding más allá de la circunstancias meramente coyunturales, siendo él un hombre muy serio obligado inopinadamente a luchar en un frente público venciendo su tremenda timidez. Aquella puesta en escena fue el único modo de grabar en el subconsciente colectivo el saqueo de un Holding levantado honradamente con muchos sacrificios. Sabía que ningún medio de comunicación iba a respaldar la denuncia, ya fuera por temor o por resultar beneficiado en el reparto.

No hubo ninguna casualidad sino causalidades con la implícita traición de gente muy allegada que le llevó a la ruina para apropiarse de su obra financiera-23 bancos- y empresarial-700 empresas-con pretextos falseados e impunemente mantenidos durante décadas.  Lo sirvieron en bandeja a los ejecutores del mayor robo estatal de nuestra Historia.

Cuando se expresaba, recordaba perfectamente todos los detalles de aquellos días aciagos que le grabaron en el alma el ímpetu por resarcirse en justicia de los daños infligidos. Aznar y Zapatero se sentaron a negociar sabiendo del percal delictivo y vergonzoso de la intervención.  Pero no intentó negociar con distintos gobiernos una devolución de su patrimonio con un carácter personalista y excluyente;  él deseaba complementar su obra empresarial de entonces con un impulso definitivo de la economía española porque amaba a sus gentes, como decía y demostraba, y deseaba lo mejor para su país por muchos daños que otros le hubieran infligido.

Estuvo  muy cerca de conseguirlo pero un lobby zapaterista quiso conseguir más que la propia familia y se levantó la liebre de las conversaciones. Lo sucedido después creo que implica otra de esas acciones de alto nivel con cómplices y beneficiados que aprovecharon la gestión errática de los hijos, para asestar un golpe definitivo cerrando el grifo crediticio desde el Banco de Santander. No creo que existan las casualidades ni antes ni después. Ni que el dinero de los Inversores haya desaparecido por arte de birlibirloque, protegido y escondido por influencias mayores que saltan la barrera de las cortapisas jurídicas con nulo interés por buscar a los responsables y rescatar las cantidades estafadas.

Convenía a muchos que José María Ruiz-Mateos perdiera toda credibilidad para que el Estado español no siguiera lastrado por sus vergüenzas históricas que el empresario mantuvo exhibidas durante más de treinta años.

En su casa de Somosaguas. /Foto: Ignacio Fernández Candela.
En su casa de Somosaguas. /Foto: Ignacio Fernández Candela.

–      Y llega la expropiación, que cae como un rayo en un cielo sin nubes, tras la arrolladora victoria del PSOE de los diez millones de votos y Felipe González y Miguel Boyer el 28 de octubre de 1982. Una expropiación que se hace manu militari, con los policías con metralletas y que se hace sin cobertura legal.

Un decretazo del que Felipe González sacó rédito vitalicio asegurándose premiar la complicidad financiera, empresarial, jurídica, periodística etc., arrimándose los perros para tomar las migas de la mano del amo: el entonces presidente de un gobierno iniciado con la mayor corrupción encubierta de España.

Así fue, D. Enrique, como un rayo del cielo sin nubes porque estaba absolutamente engañado por sus amigos más cercanos, específicamente por los que él llamaba hermanos en la fe. Por entonces, confiadamente había pisado un campo minado y le hicieron creer que era una tupida pradera de verdes pastos y cromáticas tonalidades florales: el edén de la proyección financiera, el súmmum de la conquista espiritual mediante la voluntad divina-él era absolutamente providencialista- reflejada en los planes de compra del Banco Popular que resultaba ser el banco del Opus Dei, según decía.

Una cuestión es el Opus Dei y otra el opus homini, reiteraba. Bien sabía desde entonces que fue a través de su convicción religiosa por donde le llegó la taimada y muy trabajada traición de aquellos hermanos en la fe que lo entregaron a la debacle intervencionista y se aseguraron de abandonarlo en absoluta indefensión. No se esperaron una reacción tan delirantemente inteligente cuando, a sabiendas del calibre de esa traición, advirtió la intencionalidad del golpe que se extendía al ámbito jurídico con la compra de voluntades generalizada. Se vio forzado a actuar en consecuencia y con la misma magnitud mediática con que otros pretendían enterrarle sin derecho a réplica.

Dos golpes de Estado unidos más allá de por una fecha

  • En aquellos momentos, yo era jefe de la sección política de Abc. Fue otro 23 F, otro golpe de Estado, que produjo terror.

Un golpe de efecto, D. Enrique,  pretendiendo inducir miedo y alarmismo de manera que la expropiación no tuviera demasiada resistencia popular y dejaran solo al héroe en su naufragio provocado. Las metralletas y los uniformes que las empuñaban oficializaban una democracia precaria que había de construirse con obligaciones totalitarias, con ambiguas connotaciones de un régimen de libertades no consolidado que daba últimos zarpazos a una corrupción presuntamente asociada a los tiempos del franquismo. No estaba nada decidido y el PSOE ganaba unas elecciones después del oscurantista episodio del golpe de Estado, no solo intento, que se consolidó ocultando los verdaderos y manipulados objetivos del asalto al Congreso de los Diputados. Son dos hechos inseparables del golpe contra la democracia que incidieron artificiosamente en el devenir de los acontecimientos.

Desde entonces existió  una especie de patente de corso democrática que fluyó públicamente después de acordarse secretamente en los despachos. Detrás del expolio de Rumasa había pactos entre distintos poderes representativos de la Transición que facilitaron, a cambio de variados beneficios, el segundo golpe del 23 de febrero cuya fecha asociada al otro 23 de febrero no fue casualmente concertada. Se proveían de una financiación con la aquiescencia de los poderes fácticos y las múltiples conveniencias particulares, nacionales e internacionales, que manipularon y negociaron para conseguir máximos beneficios con el aval del Estado español en detrimento de los ciudadanos que terminaron por pagar las facturas de la estafa.

Banca, Club de Bildelberg, Luis Valls Taberner, Rafael Termes

  • Acabar con Rumasa, con Ruiz-Mateos, ¿fue un pacto de la Banca con el PSOE? ¿Cómo lo veía Ruiz Mateos?

José María Ruiz-Mateos era un molesto competidor por su cariz empresarial y emprendedor que daba legalmente una vuelta de rosca al entramado financiero. Nunca estuvo al margen de las directrices del Banco de España ni financiaba sus empresas con recursos excesivos de su emporio bancario.

Los siete grandes de la Banca, con el Banco Popular a la cabeza,  se repartieron las entidades bancarias y más de mil sucursales del empresario y financiero. Ya habría momentos para devolver los favores quizá con esos créditos a fondo perdido de algún partido nacional. Pero la Banca no fue decisiva en el expolio sino útil para mimetizar y fusionar el patrimonio del banquero asaltado. Invitados al banquete que sin ser perros se llevaron bocados del festín que no las migas. José María tenía muy claro que fue vendido por miembros del Opus Dei y era muy consciente de todas las maniobras que precedieron al día de la expropiación. Le hicieron creer algo muy distinto de lo que sus propósitos empresariales y financieros consideraban, establecida una estrecha relación profesional con miembros numerarios, supervisada por directores espirituales del Opus Dei. Él era un libro abierto pues rendía cuentas de sus negocios y planes con periódicas visitas a esos directores que estaban al tanto de sus progresos empresariales y financieros.
Luego de la expropiación, cuando él escribió o se reunió con aquellos guías de la congregación, hipócritamente le espetaron que callara sus protestas porque ahí solo se venía para hablar de las cosas de Dios.

Él sirvió como escarmiento para que el socialismo amedrentara al mundo empresarial como una declaración de intenciones sobre el intervencionismo estatal, sin otro argumento que la fuerza y la represión. Pero además de infundir el  miedo, premiaron la sumisión. Las excusas políticas derivaron en enriquecimientos particulares y pelotazos con la aquiescencia de jueces bien untados o conminados a transigir con la actuación.

Por otro lado-o quizá en la misma línea de la sospecha-, siempre le había llamado la atención que poco antes del expolio se reuniera el Club Bildelberg en España. Invitada la flor y nata de lo español lo dejaron fuera a él. Sospechaba que allí pudo fraguarse lo sucedido contra su patrimonio.

Los siete grandes de la Banca actuaron como los soldados que se reparten la túnica de Jesús una vez fue crucificado. Expuesto así en una reunión con el Director de la Oficina de Presidencia del  Banco Popular, se admitió delante nuestra que el banco se lucró entonces con el reparto de las veintitrés entidades del empresario y financiero. Pero era cuestión baladí porque judicialmente no había tenido consecuencias la expropiación para ninguno de los beneficiados.

La calaña moral de los interesados en que muriera desacreditado habla del calibre de malignidad que hubo detrás de la expropiación y las consecuencias por mantenerlo oculto durante décadas, aun con la heroica resistencia moral del empresario.

Su indignación estaba más que justificada sin perder noción de la singularidad de sus circunstancias, enfrentándose valientemente a la corrupción del Estado español desde casi el nacimiento de su aparente democracia.

José María Ruiz Mateos, un gran hombre. /Foto: Ignacio Fernández Candela.
José María Ruiz Mateos, un gran hombre. /Foto: Ignacio Fernández Candela.
  • Hay un drama personal de por medio: Ruiz Mateos era miembro supernumerario del Opus Dei, y al frente de la Asociación Española de la Banca estaba Rafael Termes, numerario del Opus Dei, y al frente del Banco Popular, con mucho prestigio estaba Luis Valls Taberner, también numerario del Opus Dei. Y la AEB avala la expropiación. Entiendo que para Ruiz Mateos aquello fue un dolor añadido.

El empresario siempre lamentó que con Rumasa también desaparecieran veinte años de lealtad con la Obra.  D. José María no albergaba ninguna duda de que fue víctima de la traicionera vileza esgrimida por Luis Valls Taberner y secundada por Rafael Termes, no siendo ninguna casualidad tampoco el que se trataran de miembros numerarios del Opus Dei.

Una de mis muchas labores a su lado fue el trabajo de documentación que realicé ordenando, clasificando la correspondencia personal mantenida con ellos y con el entonces sucesor del Opus después del fallecimiento de Escrivá de Balaguer, Álvaro del Portillo. Analizando alguna beatificación se me viene a la cabeza aquella frase de Jesús esgrimida frente a los fariseos: “Hipócritas, raza de víboras no llaméis santo a nadie sobre la Tierra porque solo uno es Santo y está en el Cielo”. 

Leyendo aquellas cartas es fácil intuir la complicidad de esos y otros tantos para provocarle un vacío personal, social y profesional a cuenta de un patrimonio que ya empezó a repartirse antes de la expropiación con pagos multimillonarios por, digamos, designio divino. Todo cuanto digo está documentado y clasificado después de haber estudiado profundamente las correspondencias de entonces y constatar  las conexiones de los responsables.

Un día me miró a los ojos y con tono de guasa me mostró un papel diciendo que Valls Taberner había resucitado. Se trataba de un sobrino del expresidente del Banco Popular que pedía una reunión con el empresario. Le recibimos y aquel individuo puso mucho énfasis en saber qué conocíamos sobre un pago de mil millones de pesetas antes de la expropiación. Intentó llevarse distraídamente debajo del brazo mi trabajo de documentación expuesto sobre la mesa y se cercioró de que no hubiese más conocimiento que pudiera implicar a la familia, como así dedujimos el empresario y yo. No toda esa información de que disponíamos había sido mostrada.

Aquel correveidile, al que quité los documentos cuando con sucia picaresca se los llevaba, no volvió a dar signos de vida. Por aquel entonces en los medios de comunicación y en el propio Banco Popular había anunciado, por instrucciones del empresario, que tenía pruebas documentales sobre la responsabilidad de Valls Taberner, junto a Rafael Termes,  en la traición que propició la expropiación de Rumasa.

Dos personajes menores: Luis María Anson y Joaquín Vila, el petardo

  • Siento traer a colación a un personaje menor, a un bufón del sistema, a un chivatillo de las cloacas, a Luis María Anson, que cuando Ruiz-Mateos se va a Londres se dedica a dar informaciones falsas para localizarle.

Un personaje menor con una capacidad asombrosa para manejar el cotarro de las conspiraciones en múltiples despachos, así como para engrosar con premios su currículum sospechosamente engalanado de agasajos y reconocimientos. El día que estuvo de visita en Alondra, 2, en el 2014,  al marchar me dijo D. José María que no me fiara de él.

Las horas transcurridas habían sido muy gratas y aleccionadoras. Cuando le respondí que me parecía una buena persona afín a la historia democrática de España me refutó mi ingenuidad y me instó a hacerle caso no por sabio sino por viejo. Él en realidad y como puede suponer, D. Enrique, era un dechado de sabiduría y experiencia legitimada por la grandeza de sus logros y la dignidad ante la masiva ofensiva contra su persona y su obra.

Cuando marchó a Londres al poco de la expropiación, lo hizo por el consejo “amigo” de Luis Valls Taberner que todavía le asesoraba desde la sombra de la traición, disimulándose con la providencia de la fe. Así pareció un prófugo cuando él no tenía necesidad de huir y sólo deseaba explicarse para demostrar que las acusaciones contra su honor y profesionalidad eran falsas.

Durante su estancia londinense, me contó entonces, apareció Luis María Anson que, lejos de ayudarle lo mínimo, sólo dejó frívola presencia e impresión como investigador a cuenta de terceros, para proteger los intereses de otros poderosos que podían quedar expuestos después de la expropiación, si surgía una actitud de represalia del empresario al respecto.

Dos meses después del fallecimiento de D. José María, Anson me recibió en su despacho presidencial de la sede de El Imparcial.es y hablando de él noté en sus palabras el aguijón de la conciencia, cuando me comentó que le hubiera gustado hacer algo más por ayudarle.  Acaso sepa lo que verdaderamente se fraguó entonces y el alcance estratosférico de la bajeza felipista repartiendo dividendos a la diestra y a la siniestra.

Me resulta hipócritamente y especialmente siniestro cómo se deshace públicamente en halagos con el rufián que robó el 10% del PIB español, cuando Anson admitía en privado el robo vergonzoso para el Estado español del Holding Rumasa bajo las zarpas presidenciales del impune facineroso.

La extensión de la corrupción irrestricta: el caso Galerías Preciados

  • La expropiación de Rumasa fue muy destructiva en muchos sentidos. Primero, inicia la corrupción en gran escala, porque hay un reparto impúdico, como la compra de Galerías Preciados por Gustavo Cisneros, un amigo del nefasto Felipe González.

Felipe González acabó literalmente con el 10% del PIB español, representando Rumasa un 2%. La expropiación costó a los españoles 2 billones de pesetas de entonces sin revertir ningún beneficio a la ciudadanía. Todo fueron pelotazos entre particulares siendo árbitro de este juego sucio de latrocinio estatal, un gobierno de malhechores con la aquiescencia del estamento jurídico. En España hay ley mientras no se traspasen las órbitas que pertenecen a espacios de poder omnímodo donde los jueces no pintan nada salvo que sean cómplices y favorezcan.

Aquella pandilla de ladrones, reunidos en Consejo de Ministros, acordó la venta de Galerías Preciados en 1.500 millones de pesetas adjudicadas al comprador Gustavo Cisneros. El venezolano vendió los almacenes el 15 de enero de 1988 por 30.600 millones. Una estafa  evidente que justifica las idas y venidas de Felipe González, quien mantiene una amistad nada interesada con el multimillonario.

Así sucedió con cientos de empresas del Holding, como la Loewe que permitió al impune Boyer arrimarse a catres elegantes donde se pagaba muy alto precio por el amor verdadero e incondicional, será.

En España es costumbre entronizar la necedad del canalla y condenar el ingenio del inocente.

El fin de la independencia judicial y la vejación a Manuel García Pelayo

  • Luego, se acaba por completo con todo resto de independencia del Poder Judicial. Me permitirá que entre en escena, pero fui quien dio la exclusiva de las presiones al presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García Pelayo, de sus tensísimas reuniones con Alfonso Guerra en Moncloa. Se sabe de esas presiones porque me lo contaron los escoltas.

El PSOE de González asesinó a Montesquieu y dinamitó  la separación de poderes. La recién estrenada democracia española era un perfecto campo de experimentación para robar disimuladamente  tras los cargos institucionales, como así se demostró escandalosamente. Supeditar la Justicia a los intereses políticos fue una premisa de estos aprovechados que saquearon el país con absoluta impunidad, hasta que les puso coto el propio José María Ruiz-Mateos persiguiendo jurídicamente a los delincuentes que quedaron al descubierto.

Felipe González cayó gracias a la espléndida labor del empresario arremetiendo contra la corrupción que se había extendido sin freno bajo la presidencia felipista.

Pero el expresidente supo sacar partido de su poltrona y se aseguró quedar al margen de toda persecución judicial con un entramado inextricable de influencias favorecidas durante su mandato. Un listo de altos vuelos y bajos instintos.

Su exclusiva, D. Enrique, bien le hubiera valido el puesto parasitario de Joaquín Vila si Anson hubiese sido honesto. Pero estoy seguro de que no hubiera sido capaz de realizar el trabajo sucio con el que se enguarra Vila apropiándose del trabajo y los méritos ajenos.

Manuel García Pelayo fue conminado y vejado por el rodillo político que el PSOE había montado y cedió a la presión no sin sentir vergüenza que le llevó al aislamiento fuera de España para morir olvidado por sus propios ideales de Justicia. D. José María siempre sintió verdadera lástima por el hombre justo que no pudo ser.

  • Bueno, Joaquín Vila nunca ha dado una exclusiva, nunca ha dado una noticia.

Ya sabemos lo que conlleva la vida fácil por prescindir de las reglas éticas y morales. Vila es un soldado raso ascendido a coronel que se aprovecha de toda la tropa para colgarse las medallas. Trepas hay en el mundo militar como periodístico. Lo del ex Jemad podemita, simpatizante del radicalismo terrorista, por ejemplo, es de traca. Vila es un petardo.

La lucha contra Miguel Boyer y la entrada en el Parlamento Europeo

  • Luego, Ruiz Mateos inicia una lucha para que se no se olvide, contra Miguel Boyer y le lleva al Parlamento europeo. ¿Cómo recordaba esa etapa de un Ruiz Mateos disfrazado, histriónico, el propio protagonista?

Creo que tanto mérito o más posee su batalla social y política como su fácil generación de riqueza por su maestría en la gestión empresarial y financiera. Él era un hombre sencillo, así se consideraba, comprometido con las complejas circunstancias de su vida. Todo formaba parte de esa estrategia que cubría el frente solidario para engrandecer el país que amaba y continuar legalmente la batalla para que se le devolviera su patrimonio saqueado. Por eso llegó al Parlamento Europeo en olor de multitudes.

Cuando hablábamos de aquella puesta en escena bajábamos a mi despacho para ver los vídeos de sus actuaciones y sonreía como un niño. Me miraba con cara de estupefacción y con guasa me preguntaba si ese era él. Argumentaba que siempre había sido un gran tímido pero que se tragaba el miedo escénico tragaba y hacía lo correcto.

Una victoria judicial ninguneada

  • La batalla jurídica la gana…

Sin duda que la ganó y sin que se celebrara un juicio justo que reivindicaba para dejar en evidencia a los forajidos del expolio y exigir con garantía jurídica una devolución de su patrimonio empresarial. En 1997 fue absuelto de todas las imputaciones que habían mal justificado la expropiación convertida desde entonces en delictiva.

Al hilo de las evidencias jurídicas, el Tribunal Supremo dictaminó en dos autos la devolución con la condición de una consolidación de balances que solo fue un paripé sin que en diecisiete años se moviera un solo dedo para efectuarla.

Sobre esta falsedad jurídica, en torno al expolio de Rumasa, es significativo lo que sucedió en el 2013. Cuando fuimos al registro con los acuerdos pactados sobre los derechos de cesión, me enteré de que a una planta de reciclaje llegaron furgonetas del Ministerio de Justicia para destruir documentación datada en 1987 relativa a la expropiación de Rumasa. Se sentó una funcionaria frente a la máquinas trituradoras y con gafas de sol observó el proceso de destrucción hasta que dejaron de llegar furgones y descargar las cajas. Un borrado de huellas evidente que, como todas esas cuestiones hipócritas de un país cuajado de falsedad, pasó inadvertido para todos los investigadores periodísticos. Cobardes, misérrimos, lastrados de  ignorancia por conveniencia; superfluos y araneros, tal cual es la Prensa de esta España con insignes periodistas que ocultan sus podreduras morales engañando a sus lectores. Pocos se libran. Honrosas excepciones como usted, D. Enrique, son necesarias en esta España al borde del colapso.

Al fallecer el empresario las ratas respiraron aliviadas y se descubrió que Rumasa, sociedad integrada en la Dirección General del Patrimonio, dependiente del Ministerio de Hacienda, había existido con una provisión de 160 millones de euros para litigar contra él; cantidad que se liquidó pasando a engrosar las provisiones del Tesoro.

Una estafa estatal descarada, sin arbitrio jurídico decente que le llevó a no creer en la Justicia, amañada hasta el empozoñamiento gracias a esa pútrida concepción de país que ha terminado por llevar a la ruina a sus ciudadanos; habitantes de segunda y tercera categoría frente a la masa informe de la migración que con efecto llamada pretende desintegrar la identidad española tal cual se hizo con sordina con José María Ruiz-Mateos en los tiempos del expolio.¿Qué se puede esperar con semejantes antecedentes de engaño histórico?

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  •  Pero no se le paga el justiprecio…

No se le paga el justiprecio, ni tampoco las retasaciones a las que tenía derecho después de que un abogado descubriera en el 2007 que durante la expropiación no se adjudicó cantidad ninguna en la Caja General del Ministerio de Hacienda. Requisitos que se pasaron por alto, como los derechos humanos del perjudicado, dado el carácter delictivo de la expropiación;  ni se molestaron en guardar las apariencias ante la evidencia dictatorial de las metralletas al servicio de una mafia gubernativa.

Con la devolución de una sola de sus propiedades se hubiera podido solventar el drama de los Inversores. Con solo la Finca de la Almoraima habría muerto en paz, con el derecho implícito de ser reconocida su honradez que otros mancillaron sin piedad aprovechando su excelso amor de padre.

(Sigue entrevista en próxima segunda parte, con especial énfasis sobre lo sucedido con Nueva Rumasa, los verdaderos responsables y la emisión de pagarés con el dinero desaparecido).

Lo que callé de Ruiz Mateos (3): Ruiz-Mateos responsabilizó a sus hijos, por escrito, de la quiebra de Nueva Rumasa.

Lo que callé de José María Ruiz-Mateos (II). Los herederos en vida del Grupo Nueva Rumasa

Lo que callé sobre José María Ruiz-Mateos (I)


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