Federico Trillo, la historia de una gran mentira: El ‘affaire’ de la secretaria



La fiel Julieta de Micheo. /Foto: twitter.com.
La fiel Julieta de Micheo. /Foto: twitter.com.

Yrene Calais

Parece reiterativo, y no quisiera cansar al lector por el que tengo un gran respeto, el que vuelva a incidir sobre este penoso personaje de Federico Trillo, pero es que en mi caso, gentecilla como ésta que nutre las filas del Partido Popular y a la que de una vez y por todas hay que desenmascarar, han convertido mi vida en un infierno.

Federico Trillo, a ojos de los militares españoles, poco tiene que ocultar porque, como es sabido, es el peor ministro de Defensa que ha pasado, con un rastro de muertes a sus espaldas a la historia, y suprimiendo el servicio militar como un vomitivo antipatriota, pero éste no es el asunto que nos concierne. El asunto tiene nombre de mujer y apellido con un cierto aire italianizante de los que tanto gustan al personaje. Dime de lo que alardeas y te diré de lo que careces. Este petimetre ascendido a nobleza pacotillera (que ya lo intentó por derecho de sangre matrimoniando a su hija con un grande de España) no alberga en sus entrañas ni una sola célula que le permita una actitud humana próxima a esa nobleza, obliga, que es innato en los aristócratas de cuna.

Federico, el garbancero ramplón, manipulador de la Justicia (caso Gürtell, conversaciones para obstaculizar las vías judiciales, minuta cobrada en negro con total desfachatez), humanamente es un miserable, según he podido constatar por fuentes muy cercanas a él mismo. De los alicantinos es conocido su nombre y su faz porque hace más de veinte años venía encabezando las listas por Alicante del nefasto Partido Popular, el cunero que aparece y desaparece como el Guadiana, coincidiendo con los períodos electorales, debería tener la magnificencia de espíritu de marcharse de una voz por todas de Alicante. ¡Váyase, señor Trillo! Es usted un político hediondo y putrefacto que no ha hecho más que contribuir a que el agua estancada de las listas cerradas alicantinas se corrompa a niveles insoportables. Usted le bailaba el agua al buen Zaplana, mientras a sus espaldas lo acuchillaba.

Luego embelesó, dando juego a compartir puestos relevantes en el Opus Dei, al simple de Francisco Camps y ahora, como ha saltado al rango de embajador en Londres y maneja con gran soltura la valija diplomática y la inmunidad aneja.

Fue sustituido como diputado por su secretaria Julieta de Micheo

En mayo de 2012, Federico Trillo dimitió como diputado por Alicante para irse a su sinecura londinense, pero hete aquí que, como hace las listas cerradas a su antojo, quién creen ustedes que le sustituyó: nada menos que su secretaria, Julieta de Micheo, a la que conocerán en su casa (en la de Trillo) pero no en la circunscripción de Alicante. Creo que los alicantinos se merecían un poco más de respeto, aunque él esté acostumbrado al cambalacheo de la castuza de los políticos, que sin ningún tipo de escrúpulo colocan incluso a sus amantes en el pudridero de las listas electorales.

A Federico Trillo no se le arrugaba el ombligo si tiene que venir y hacerse unas fotografías con las cutres alcaldesas peperas tipo Mercedes Alonso, autóctona del barrio de La Rata, y Sonia Castedo, esposa de camionero y antigua modelo, eso sí, preferiblemente si éstas aparecen con minifalda o con los pantalones bien ceñidos, a punto de estallar, a sus partes antes pudendas. Pero no quisiera salirme del tema y relatarles a ustedes el drama humano que se escondí detrás de esta elección arbitraria, de esta cacicada a favor de su secretaria sin la que no puede vivir. Se pone de manifiesto una vez más que las virtudes humanas de este lameculos, fariseo, hipócrita y manifasero, son inexistentes, por mucho cartel del Opus Dei que cuelgue de su cuello.

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Su corrupción moral es absoluta. No sé si les suena el nombre de Francisco Murcia. Un diputado del PP por Alicante próximo al zaplanismo y con dedicación exclusiva a la política. Un día, tras una exploración médica, le comunican que tiene cáncer, que la operación es muy dura y que necesita hacer un trabajo que le permita compaginar sus tareas profesionales con su enfermedad. Acude a Trillo y éste le asegura que le incluirá en las listas para que de esa manera pueda completar el período necesario para su jubilación. Cuando se produce la elaboración de las listas, Federico Trillo incumple su palabra sabiendo la situación límite en la que se encuentra Murcia, correligionario de su partido. Por el contrario, mete en la lista a su secretaria y ni siquiera contesta a las llamadas ni da una explicación de los hechos; no es capaz ni de dar la cara. Cuando me comunicaron esto, no me sorprendió nada, porque se trata de esa nobleza petulante de nuevo cuño bajo las alas de la carroñera gaviota, depredando al contribuyente, que deberían ir derechitos desfilando hacia la trena.

Todavía no sabemos quién es esa tal Julieta; fue un insulto para los alicantinos. No ejerció de diputada, sólo cobró, pero el ‘affaire Julieta’ era una coartada perfecta para que todos los viernes esta señorita –con la que siendo ministro de Defensa hacía viajes oscuros en aviones de la Fuerza Aérea desde Torrejón de Ardoz- cogiera la maleta y se trasladara a Londres, a no se sabe muy bien qué, con su señorito, a cuyo servicio lleva veinte años.

 


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